

Vivimos en una era digital donde una de las características más relevantes del contenido digital es su facilidad para ser replicado. Cualquier persona que maneje ordenadores sabe que seleccionar un texto y pulsar 'Ctrl C + Ctrl V' genera una copia exacta. Esto no solo se aplica al texto: imágenes, archivos de audio y vídeo pueden duplicarse sin ningún esfuerzo.
Esta facilidad para copiar conduce a una propiedad esencial del contenido digital: la abundancia. Cuando algo puede copiarse de forma ilimitada, se vuelve común. Cuanta más abundancia, menos unicidad y más difícil resulta mantener su valor. Esto plantea un desafío fundamental en el entorno digital: ¿cómo establecer escasez y autenticidad cuando todo puede copiarse sin limitaciones?
El entorno digital lleva tiempo enfrentándose a esta paradoja. Los métodos tradicionales para certificar propiedad y autenticidad en el mundo físico no se trasladan al espacio digital. Un cuadro en un museo posee unicidad inherente: existe en un solo lugar, tiene las marcas físicas de su creador y una procedencia documentada. En cambio, un archivo digital es idéntico, tanto si es el original como la copia un millón.
Quizá haya visto noticias sobre obras digitales que se venden por millones de dólares como NFT. Muchas de ellas son simples imágenes digitales que cualquiera puede copiar y pegar. Entonces, ¿qué compran realmente los compradores?
El aspecto fundamental es que un NFT no representa la imagen en sí. Es un registro electrónico que indica, por ejemplo: "Esta es la obra original titulada 'Everydays: The First 5000 Days' creada por el artista Beeple". Si lo comparamos con el sector inmobiliario, un NFT no es el apartamento, sino la escritura que acredita la propiedad de una vivienda en una dirección determinada.
Cuando alguien negocia un NFT, intercambia derechos sobre la obra original, no solo el archivo digital. Ese concepto de "derechos sobre el original" es clave. Incluso antes de los NFT, el coleccionismo de arte consistía en adquirir trazabilidad original: la cadena de custodia documentada que garantiza la autenticidad de la obra.
Pensemos en la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, con infinidad de copias y falsificaciones. El cuadro auténtico del Louvre es inestimable, pero si lo situamos junto a falsificaciones de calidad, la mayoría no distinguiría el original. Su valor no reside solo en lo visual, sino en la historia documentada que demuestra que pasó de da Vinci a su primer dueño y por varios coleccionistas a lo largo de los siglos. Esos registros demuestran autenticidad. Así, la adquisición de arte se basa en la trazabilidad original, no en el contenido visual.
Los NFT de mayor uso suelen crearse bajo el estándar Ethereum ERC-721. Este formato permite a los creadores acuñar archivos multimedia (imágenes, texto, audio o vídeo) como NFT almacenados en la cadena de bloques. La cadena registra cuándo se creó el NFT, quién lo creó y cada propietario posterior. Este sistema integral de registros es la base de la trazabilidad original que ha hecho destacar a los NFT en el mundo de los activos digitales.
La cadena de bloques actúa como un libro de registros inmutable, donde el historial es permanente y no puede ser alterado. Cada transacción está protegida criptográficamente y verificada por la red, garantizando la autenticidad de la propiedad. Esta infraestructura tecnológica aporta certeza sobre la procedencia, algo antes imposible en el ámbito digital.
Como se explicó antes, un NFT no es la obra de arte o el archivo multimedia, sino una escritura o certificado de propiedad registrado en la cadena de bloques. Pero surge una cuestión: ¿dónde se almacena realmente el archivo multimedia cuando se crea un NFT?
Aunque es técnicamente posible guardar archivos multimedia directamente en la cadena, este método resulta poco práctico. El almacenamiento en cadena conlleva tarifas en función del tamaño de los datos, por lo que almacenar archivos grandes de imagen, audio o vídeo supondría tarifas de transacción muy elevadas. Por eso, la mayoría de creadores de NFT recurre a soluciones de almacenamiento alternativas.
El método más habitual es almacenar los archivos en IPFS (InterPlanetary File System), una red de almacenamiento distribuido entre pares. El registro NFT en la cadena contiene una referencia a la dirección IPFS donde está alojado el archivo real. Este enfoque híbrido permite controlar los costes de la cadena y mantener un registro permanente de la propiedad.
Conviene tener claro que IPFS no es una cadena de bloques, sino un sistema distribuido de almacenamiento de archivos que, gracias a su arquitectura entre pares, previene la pérdida de datos y ataques. Diferentes nodos conservan copias de los archivos, lo que aporta redundancia y fiabilidad.
Esta arquitectura de almacenamiento también introduce posibles vulnerabilidades. Imagine que alguien compra un NFT de la Mona Lisa, pero el sistema IPFS donde se almacena la imagen es atacado. El registro en la cadena que acredita la propiedad seguiría intacto, pero el propietario podría no acceder ni ver la obra adquirida. Esto pone de relieve una cuestión esencial en la propiedad de NFT: la diferencia entre poseer los derechos y tener acceso al activo en sí.
Desde el último mercado alcista de las criptomonedas, los mercados específicos de NFT han proliferado. Entre las principales plataformas se encuentran Blur, OpenSea, Rarible, CryptoSlam, AtomicAssets y SuperRare. Estas plataformas posibilitan el trading de NFT a través de mecanismos de subasta similares a los del mercado de arte tradicional.
Normalmente, el proceso funciona así: los titulares de NFT ponen sus tokens a la venta en dichos mercados y los compradores interesados presentan ofertas. El mejor postor, o quien pague el precio solicitado por el vendedor, adquiere el NFT. Este modelo recuerda a las subastas tradicionales, donde los objetos únicos se venden al mejor postor.
Estas plataformas aportan la infraestructura esencial al ecosistema NFT. Ofrecen interfaces intuitivas para explorar colecciones, hacer ofertas y cerrar transacciones. Muchas también incorporan funciones como análisis de colecciones, rankings de rareza y verificación de creadores. El modelo de marketplace ha resultado eficaz para objetos únicos y de alto valor, donde cada operación es relevante y merece atención individual.
No obstante, este modelo de trading presenta limitaciones. Igual que en el arte tradicional, los mercados de NFT pueden mostrar baja liquidez: puede haber pocos compradores para un NFT concreto y las operaciones pueden demorarse. Esta iliquidez dificulta su valoración y complica su venta rápida cuando es necesario.
Pensemos en el trading de arte en el mundo físico. Las obras son elementos únicos con valor propio, lo que dificulta su compraventa. Los vendedores son escasos, los compradores exigentes y las operaciones poco frecuentes. En el ámbito de las criptomonedas, el arte es un "activo ilíquido".
Los NFT comparten esas características con el arte tradicional. Sin embargo, recientemente se han explorado formas de que el trading de NFT sea más dinámico, como sucede con los tokens fungibles (FT). El estándar ERC-404 propone precisamente eso.
Existen analogías reales para este concepto. Por ejemplo, en la compraventa de apartamentos, aunque lo habitual es que los compradores inspeccionen el inmueble antes de adquirirlo, algunos apartamentos de lujo con calidad y construcción estandarizadas pueden comprarse solo por la reputación de la marca y la ubicación. Así, inversores inmobiliarios chinos pudientes llegan a comprar pisos en Corea sin verlos, confiando en la notoriedad de la marca y la calidad estandarizada.
El mercado de NFT aún no ha desarrollado "marcas premium" similares que garanticen utilidad y valor constantes. Sin embargo, a medida que Web3 se generalice y el metaverso crezca, podría surgir esa estandarización en el entorno digital. Comprender los fundamentos de los NFT permite a los inversores identificar oportunidades a medida que aparecen nuevos estándares y variantes. Este conocimiento será especialmente valioso a medida que evolucione la tecnología y surjan nuevas aplicaciones.
El estándar ERC-404 representa un enfoque experimental para aumentar la liquidez de los NFT combinando características de tokens fungibles y no fungibles. Aunque aún está en fases tempranas, estas innovaciones reflejan la evolución constante de la tecnología NFT y su potencial para superar las limitaciones actuales del mercado. Con la madurez del ecosistema de activos digitales, cabe esperar más avances que equilibren unicidad y negociabilidad.
NFT significa Token No Fungible y representa activos digitales únicos en la cadena de bloques. A diferencia de Bitcoin y Ethereum, que son fungibles e intercambiables, los NFT son indivisibles y únicos, y representan la propiedad de elementos concretos como arte digital, coleccionables o activos virtuales.
Los NFT se usan en juegos, activos digitales, verificación de identidad, DeFi y coleccionables. Los precios elevados se deben a la escasez y la unicidad, como sucede en el arte físico. La verificación en la cadena garantiza autenticidad y propiedad, lo que impulsa la demanda y el alto valor de artículos digitales raros.
Cree una billetera de criptomonedas como MetaMask, deposite fondos en ETH, conéctese a plataformas de NFT, explore y compre NFT por subasta o precio fijo. Para vender, publique su NFT con el precio deseado y espere a que los compradores realicen la operación.
Comprar NFT implica riesgos de fraude, como mercados falsos, activos falsificados y phishing. Protéjase comprobando la autenticidad del creador, usando contraseñas robustas con autenticación de dos factores, revisando bien las URL, comparando precios en plataformas oficiales y sin hacer clic en enlaces sospechosos ni compartir claves privadas.
Los NFT son activos digitales únicos con identificadores propios, mientras que los FT son unidades intercambiables. Cada NFT representa elementos concretos como arte o coleccionables; los FT representan valor abstracto o moneda sin unicidad.
El mercado de NFT atraviesa actualmente una fase de consolidación tras los picos de 2021-2022, con recuperación selectiva de proyectos. Las perspectivas siguen siendo positivas, impulsadas por mayor utilidad, adopción institucional e integración de activos reales. La maduración del mercado y la claridad normativa favorecerán un crecimiento sostenible a largo plazo.
Elija una cadena como Ethereum o Binance Smart Chain, configure una billetera como MetaMask, seleccione una plataforma como OpenSea o BakerySwap, suba su obra digital y pague la tarifa de acuñación. No se requieren conocimientos avanzados de programación.
El estatus legal de los NFT varía según la jurisdicción. En EE. UU., los NFT se consideran propiedad; en China, se denominan colecciones digitales y su negociación secundaria está restringida. El tratamiento fiscal contempla: 6 % de IVA sobre ventas en China, 20 % de impuesto sobre plusvalías para ventas individuales y 28 % para NFT coleccionables en EE. UU. Las empresas pueden acceder a tipos impositivos más bajos cuando los NFT están vinculados a bienes físicos.











