

La CBDC (Moneda Digital de Banco Central) es dinero de curso legal digital emitido por bancos centrales nacionales. El dinero de curso legal es la moneda establecida por ley, como el yen japonés o el dólar estadounidense. Como las CBDC figuran como pasivos de los bancos centrales, el Estado garantiza su valor, lo que las hace mucho menos vulnerables a los bruscos cambios de precio que caracterizan a los activos digitales.
Las CBDC constituyen una nueva modalidad de dinero electrónico, diferente del efectivo y de los depósitos bancarios. El efectivo tradicional son billetes y monedas físicos, mientras que las CBDC existen únicamente en formato digital y se utilizan a través de teléfonos inteligentes o computadoras. Los depósitos bancarios son pasivos de entidades financieras privadas; las CBDC son pasivos directos de bancos centrales, lo que implica mayor fiabilidad y seguridad.
En los últimos años, países como China, Suecia y Bahamas han lanzado activamente iniciativas de CBDC. China ha desplegado programas piloto masivos para el yuan digital, ya utilizado en transacciones comerciales en algunas ciudades. Suecia desarrolla el proyecto "e-krona" para acelerar la transición hacia una sociedad sin efectivo. Bahamas fue el primer país en lanzar oficialmente una CBDC nacional, el "Sand Dollar".
En Japón, el Banco de Japón estudia en varias fases la viabilidad práctica de las CBDC. Como hay numerosos aspectos a considerar—including el impacto en bancos privados, el sistema financiero actual y la protección de la privacidad—muchos bancos centrales se muestran cautos pero prosiguen la investigación y el desarrollo ante una posible adopción futura.
Las CBDC y los activos digitales son ambos digitales, pero sus características esenciales difieren de forma sustancial. A continuación, se resumen las diferencias principales desde tres perspectivas clave.
Las CBDC son versiones digitales del dinero de curso legal emitidas por bancos centrales (organismos estatales). Tienen el mismo estatus legal que el efectivo físico y su valor está respaldado por la confianza y el crédito pleno del Estado. Por ley, las CBDC deben aceptarse para todo tipo de obligaciones, incluyendo el pago de deudas e impuestos.
Las CBDC presentan menor exposición a variaciones bruscas de precio provocadas por la oferta y demanda, ya que su valor está garantizado por el Estado. Una CBDC equivale siempre a una unidad de dinero de curso legal. Aunque pueden sufrir inflación o deflación, no experimentan la volatilidad especulativa a corto plazo de los activos digitales.
En cambio, los activos digitales son monedas digitales creadas por entidades privadas, individuos o comunidades descentralizadas. Ejemplos relevantes como Bitcoin y Ethereum funcionan sin administradores centrales, usando tecnología blockchain para una gestión descentralizada. Los activos digitales no son dinero de curso legal; su aceptación como medio de pago depende de cada usuario o empresa.
Los activos digitales son muy volátiles, ya que su precio lo determina el mercado según oferta y demanda. Por ejemplo, Bitcoin puede variar más del 10 % en un solo día. Esto los convierte en instrumentos atractivos de inversión, pero poco prácticos para pagos diarios.
Las CBDC suelen desarrollarse con tecnología de registro distribuido (DLT, Distributed Ledger Technology). DLT permite que varios participantes gestionen un solo registro, dificultando la alteración de datos y aportando transparencia y confianza elevadas.
La blockchain es la forma más habitual de DLT, registrando las transacciones en bloques encadenados para reforzar la resistencia a la manipulación. Las CBDC emplean habitualmente blockchain u otras DLT similares, normalmente en redes permissionadas (privadas) controladas por bancos centrales.
Los activos digitales también dependen de DLT para su emisión y gestión. Sin embargo, en activos principales como Bitcoin y Ethereum, los participantes alcanzan consenso sin autoridad central, aplicando reglas específicas conocidas como algoritmos de consenso.
Entre estos algoritmos figuran Proof of Work (PoW) y Proof of Stake (PoS). PoW (usado por Bitcoin) verifica las operaciones mediante cálculos complejos. PoS, utilizado en Ethereum 2.0, selecciona validadores en función de la cantidad de activos digitales que poseen, resultando más eficiente en energía.
En el caso de las CBDC, el banco central es el administrador, por lo que no se requieren protocolos de consenso complejos. Solo los nodos autorizados por el banco central validan las transacciones en la red permissionada, lo que permite liquidaciones rápidas y eficientes.
Las CBDC están pensadas para fines públicos: agilizar pagos, reducir costes, adaptarse al entorno digital y prevenir el lavado de dinero. Los bancos centrales buscan emitir CBDC para mantener la soberanía monetaria y fomentar el crecimiento de la economía digital.
También promueven la inclusión financiera. Incluso quienes no tienen cuenta bancaria pueden pagar o transferir con CBDC si disponen de teléfono inteligente, mejorando el acceso a servicios financieros. En remesas internacionales, las CBDC pueden reducir costes y acelerar la gestión.
Las CBDC pueden ser clave para preservar la soberanía monetaria y la estabilidad financiera. Si proliferan las monedas digitales privadas y las stablecoins, los bancos centrales pueden perder capacidad de política monetaria. Con la CBDC, retienen el control sobre la emisión y gestión de la moneda en la era digital.
Por el contrario, los activos digitales se emplean en usos privados o comerciales, como transacciones sin permisos, inversión e innovación tecnológica. Su principal función es de inversión, con trading y especulación sobre variaciones de precios.
Los activos digitales también cubren necesidades como transferencias internacionales y micropagos. Las transferencias internacionales convencionales implican tarifas elevadas, pero los activos digitales pueden facilitar operaciones más rápidas y económicas. Activos como Ethereum, que soportan contratos inteligentes, permiten transacciones automáticas y aplicaciones descentralizadas (DApps), impulsando nuevos modelos de negocio.
Las CBDC aportan varios beneficios relevantes. A continuación, se explican tres de los más destacados.
Emitir y gestionar efectivo físico (monedas y billetes) ha supuesto costes enormes en los últimos años. Fabricar moneda requiere tecnología de impresión avanzada, materiales específicos y sofisticadas medidas de seguridad. Además, recoger y destruir billetes y monedas supone un gasto adicional.
La circulación del efectivo exige infraestructuras y personal: despliegue y mantenimiento de cajeros automáticos, transporte blindado y gestión en bancos y tiendas. Al final, estos costes recaen sobre la sociedad.
Las CBDC pueden reducir drásticamente estos costes asociados al efectivo. Al tratarse de monedas digitales, no requieren fabricación ni transporte y se gestionan electrónicamente, manteniendo bajos los costes operativos.
Además, las tarifas de transacción pueden reducirse al mínimo. El dinero electrónico privado o las tarjetas de crédito suelen imponer a los comercios tarifas del 2–5 % por el uso del sistema, una carga relevante especialmente para pequeños negocios.
Como servicio público, las CBDC probablemente serán gestionadas por bancos centrales sin ánimo de lucro, por lo que las tarifas podrían ser nulas o muy bajas. Esto aligera la carga para los comerciantes y facilita los pagos a los consumidores.
Al registrar digitalmente cada transacción, las CBDC son muy efectivas contra el fraude relacionado con el efectivo. El mayor inconveniente del efectivo es su anonimato, lo que complica el seguimiento de actividades ilegales como lavado de dinero y evasión fiscal.
El efectivo físico es prácticamente imposible de rastrear, por lo que resulta ideal para organizaciones criminales y evasores fiscales. Las medidas internacionales contra el lavado de dinero se han reforzado y las entidades financieras deben realizar exhaustivos controles KYC, pero las transacciones en efectivo siguen siendo difíciles de vigilar.
Con CBDC, cada operación queda registrada en el libro digital, facilitando el rastreo cuando sea necesario. Esto permite detectar flujos ilícitos y ayuda a combatir delitos como el lavado de dinero y la evasión fiscal.
El respaldo del banco central hace que las CBDC sean especialmente fiables. El dinero electrónico y los activos digitales emitidos por empresas privadas pueden fluctuar de valor o incluso perderlo por completo debido a problemas del emisor o del mercado.
Por ejemplo, ha habido usuarios que han perdido activos al colapsar grandes plataformas de intercambio de activos digitales. Las CBDC, por el contrario, son dinero de curso legal con valor garantizado por el Estado, lo que asegura estabilidad y liquidez. Los usuarios pueden utilizar y guardar CBDC con confianza para pagos cotidianos.
Las CBDC pueden transformar la eficiencia de los sistemas de pago. Las transacciones financieras—pagos de impuestos, transferencias—pueden realizarse al instante y de forma digital, acelerando el procesamiento. Las transferencias bancarias tradicionales dependen del horario comercial y pueden tardar días si hay festivos o fines de semana; las CBDC permiten pagos en tiempo real, las 24 horas, todos los días del año.
Por ejemplo, los pagos especiales por COVID-19 tardaron semanas o meses en llegar a sus destinatarios. Con CBDC, los gobiernos podrían distribuir ayudas de manera rápida y eficiente enviando fondos directamente a billeteras digitales, reduciendo costes administrativos y retrasos.
Las CBDC permiten responder con agilidad ante emergencias y desastres. En grandes catástrofes, la escasez de efectivo o la caída de cajeros automáticos son riesgos importantes. El transporte de efectivo a zonas afectadas implica tiempo y costes, retrasando la asistencia.
Con CBDC, mientras haya acceso a internet, los pagos digitales pueden seguir realizándose, facilitando la ayuda y el comercio en zonas perjudicadas. También se desarrollan diseños de CBDC con capacidad offline, para permitir ciertas operaciones incluso si falla la red de comunicaciones.
Las CBDC plantean retos importantes además de sus ventajas. Estos son los principales puntos de preocupación sobre su adopción.
Si bien los registros digitales ayudan a combatir el fraude, implican menor anonimato en las operaciones. Existe el temor de que la privacidad personal se vea afectada, ya que los bancos centrales o agencias relacionadas podrían monitorizar los movimientos.
El avance de la tecnología ha convertido la privacidad personal en una cuestión clave. Si gobiernos o bancos centrales supervisan los datos de transacciones con CBDC, podrían deducir información sobre gastos, patrimonio o relaciones.
Por ejemplo, las autoridades podrían analizar patrones de consumo para modificar políticas fiscales o gravar ciertos bienes y servicios. Si las empresas acceden a los datos de los consumidores, pueden usarlos para estrategias de precios y marketing.
En regímenes autoritarios, existe el riesgo de que las CBDC se utilicen para vigilancia. Los gobiernos podrían controlar los fondos de disidentes y restringir el uso de CBDC, limitando la libertad de expresión y la actividad política.
Para mitigar estos riesgos, es fundamental incorporar mecanismos de protección de la privacidad en el diseño de la CBDC. Por ejemplo, mantener la anonimidad en operaciones pequeñas y rastrear solo las grandes o sospechosas permite un equilibrio adecuado.
Las CBDC son completamente digitales, por lo que desastres masivos o ciberataques pueden paralizar todo el sistema de pagos. Terremotos, tifones o inundaciones pueden dañar la infraestructura eléctrica o de comunicaciones, deteniendo temporalmente las transacciones con CBDC.
Los ciberataques también preocupan seriamente. Los atacantes podrían infiltrarse en sistemas de bancos centrales o redes de CBDC, manipular datos o generar moneda de modo fraudulento. Un ataque exitoso podría afectar el sistema monetario nacional y dañar la economía.
La adopción de CBDC exige capacidades offline robustas y máxima seguridad. Se proponen ideas como almacenar una cantidad de CBDC en tarjetas inteligentes o dispositivos móviles para pagos offline mediante NFC, por ejemplo.
El efectivo, en cambio, funciona sin electricidad ni infraestructura de comunicación, lo que es una ventaja en desastres. Las CBDC no pueden replicar esto por completo, por lo que mantener efectivo en circulación sigue siendo esencial para la gestión de riesgos.
Si las CBDC se extienden, los ciudadanos pueden dejar de necesitar depósitos en bancos privados, reduciendo los fondos depositados. Los bancos privados emplean los depósitos para conceder préstamos a empresas y particulares, actividad vital para la economía.
Con CBDC, las personas pueden tener moneda digital directamente del banco central, reduciendo la dependencia de los bancos privados. En situaciones de tensión financiera, puede producirse una "corrida digital", con depositantes trasladando fondos desde bancos a CBDC.
Esto dificultaría la financiación de préstamos, reduciría el crédito empresarial y podría ralentizar el crecimiento económico. Si los ingresos de los bancos bajan, sus operaciones pueden verse comprometidas, amenazando la estabilidad financiera general.
Para afrontarlo, los bancos centrales consideran límites de tenencia de CBDC, no pagar intereses o incluso aplicar tasas negativas para evitar salidas excesivas. También estudian modelos de "doble capa", donde bancos privados actúan como intermediarios en la distribución de la CBDC, cooperando con el banco central.
En octubre de 2020, el Banco de Japón anunció su política básica y planes piloto para CBDC. Desde abril de 2021, realiza pruebas de concepto en fases para comprobar la viabilidad técnica de la CBDC.
El Banco de Japón desarrolla experimentos con CBDC en tres fases. La fase 1 fue una prueba de concepto para confirmar funciones básicas (emisión, circulación, reembolso) y el rendimiento del sistema. La fase 2 probó funciones más avanzadas, como pagos offline, límites de tenencia y gestión de historial de transacciones, para identificar posibles problemas técnicos antes de su uso real.
La fase 3 contempla programas piloto con empresas privadas y consumidores. Estas pruebas valorarán la utilidad y los desafíos en condiciones reales, guiando la decisión sobre una eventual adopción a gran escala.
Los principales objetivos de la CBDC en Japón son:
Reducir el coste de transacciones en efectivo y procesamiento de pagos: El uso de efectivo sigue siendo elevado en Japón, lo que implica elevados costes de fabricación y gestión. Con la CBDC se podrían reducir estos costes y crear un sistema de pagos más eficiente.
Reforzar la prevención del delito financiero, como el lavado de dinero y la evasión fiscal: Los registros de transacciones de la CBDC facilitan la detección de movimientos ilícitos, ayudando a combatir el crimen financiero.
Desarrollar sistemas de pago para una sociedad digital: Al aumentar los pagos sin efectivo, la CBDC puede ofrecer infraestructura pública digital y fomentar la competencia con monedas digitales privadas.
Agilizar pagos y remesas internacionales: Si la CBDC se vuelve interoperable globalmente, los pagos internacionales serían más rápidos y baratos, apoyando el crecimiento del comercio y el turismo.
En síntesis, Japón avanza de forma constante en la investigación y desarrollo de la CBDC, valorando su emisión futura desde distintos ángulos. A diferencia del efectivo o el dinero electrónico, la CBDC es una moneda digital garantizada por el Estado, con potencial para ser la nueva base de la infraestructura financiera. Al prometer mayor eficiencia y seguridad en los pagos, la iniciativa de CBDC en Japón está generando creciente interés.
Tanto la CBDC como los activos digitales han atraído atención como monedas digitales, pero sus características y roles son claramente diferentes. Este artículo ha analizado las diferencias en emisor, arquitectura técnica y finalidad de uso.
La CBDC es dinero de curso legal digital emitido por gobiernos, con el mismo estatus legal que el efectivo y valor garantizado por el Estado. Sus objetivos principales son mejorar la eficiencia de los sistemas de pago, reducir costes, adaptarse al entorno digital y prevenir el lavado de dinero y la evasión fiscal como servicio público.
La CBDC también afronta desafíos, como la reducción de la intermediación bancaria privada, el riesgo de corridas digitales, preocupaciones sobre privacidad y vulnerabilidad ante ciberataques o desastres. Los bancos centrales adoptan un enfoque prudente, con diseños minuciosos y pruebas piloto.
Los activos digitales son monedas descentralizadas usadas principalmente como instrumentos de inversión. Aunque son muy volátiles y se negocian con fines especulativos, también posibilitan usos innovadores como transferencias internacionales y contratos inteligentes.
La CBDC funciona como infraestructura pública—alternativa digital al efectivo—y los activos digitales impulsan la innovación financiera privada. Comprender y aprovechar las características únicas de cada uno es clave para prosperar en la economía digital.
Una CBDC es dinero digital de curso legal emitido y gestionado por un banco central. Los activos digitales operan sobre tecnología blockchain descentralizada sin administrador central. Las CBDC se reconocen como dinero de curso legal; los activos digitales son inversiones especulativas.
La CBDC reduce costes de transacción, puede utilizarse sin cuenta bancaria, ayuda a prevenir la evasión fiscal y el lavado de dinero, y mantiene un valor estable. Al estar respaldada por el gobierno, no existe riesgo de quiebra del emisor, lo que la hace segura.
La CBDC es dinero de curso legal emitido y gestionado por bancos centrales, respaldado por el crédito del Estado. Los activos digitales se emiten privadamente y funcionan en redes blockchain descentralizadas. La CBDC prioriza la estabilidad y la regulación; los activos digitales promueven la descentralización y la flexibilidad.
El desarrollo de la CBDC es dinámico a nivel global, con mercados emergentes generalmente avanzando más rápido que las economías desarrolladas. Japón realiza pruebas piloto y prevé una implementación completa para 2026.
La CBDC ofrece alta seguridad gracias a protecciones avanzadas, pero los registros de transacciones plantean cuestiones de privacidad. El uso de billeteras para importes pequeños y la gestión híbrida con identificaciones digitales ayudan a equilibrar seguridad y privacidad.
La CBDC permitirá pagos instantáneos y sin contacto, reduciendo el uso de efectivo. Mejorará la eficiencia económica y ampliará el acceso a servicios financieros.
No—la CBDC no reemplazará el sistema bancario, sino que lo complementará. Es dinero digital emitido por el banco central, pero los bancos privados seguirán creando crédito y realizando intermediación financiera. El objetivo principal de la CBDC es ofrecer pagos seguros y contribuir a la estabilidad monetaria y del sistema de pagos en una sociedad digital.
La CBDC es dinero de curso legal emitido por bancos centrales, utilizable en cualquier lugar, sin riesgo de impago del emisor y sin tarifas de uso. El dinero electrónico lo emiten empresas privadas, solo se acepta en ciertos comercios, con riesgo de impago y posibles tarifas.











