
El concepto Web3 (o Web 3.0) se refiere a una internet descentralizada. Para entender en qué se diferencia este nuevo formato del internet tradicional, es necesario repasar la historia de la tecnología y analizar las primeras etapas de su desarrollo.
Web3 supone un cambio de paradigma en la interacción con los entornos digitales. A diferencia de las generaciones anteriores, esta tercera versión de internet se centra en la propiedad del usuario, la transparencia y la eliminación del control centralizado. En los últimos años, este concepto ha ganado gran protagonismo, con empresas y desarrolladores creando herramientas y plataformas que reflejan esta nueva visión de internet.
El internet moderno deriva de ARPANET, creada en 1969 por la Advanced Research Projects Agency del Departamento de Defensa de EE. UU. Sobre esta base, la National Science Foundation de Estados Unidos desarrolló NSFNET 15 años después, una red abierta que facilitó la transmisión de datos entre universidades y centros de datos. En 1992, cerca de 7 500 redes ya estaban conectadas a NSFNET.
De manera paralela, científicos desarrollaban la tecnología de transmisión de correo electrónico. A partir de este método, en 1980 surgió Usenet, la primera red masiva de intercambio de datos. Este avance permitió a las personas comunicarse y compartir información a distancia.
El desarrollo de redes de intercambio de datos también se produjo en otros países, como Chile y el Reino Unido. Estas iniciativas globales sentaron las bases para la creación de la primera versión de la World Wide Web, reflejando la naturaleza verdaderamente internacional de la innovación en internet.
El término "internet" se popularizó en 1983, tras la adopción del protocolo TCP/IP por ARPANET, que estableció un modelo estándar para la transmisión de datos. Esta estandarización permitió la interoperabilidad de distintas redes.
El proyecto World Wide Web fue presentado en 1989 por Tim Berners-Lee, cuya visión de un sistema de información conectado transformó el acceso y el intercambio de conocimiento.
La cronología posterior de los hechos es la siguiente:
De manera formal, el desarrollo de internet puede dividirse en tres etapas, cada una con sus características y capacidades tecnológicas propias.
La primera versión de internet tenía un alcance y una funcionalidad muy limitados. Web1 se utilizaba sobre todo para transmitir datos en formato texto y ofrecía una interacción mínima.
Esta generación estaba compuesta sobre todo por páginas web estáticas, alojadas en servidores de proveedores, que apenas ofrecían flexibilidad al usuario. Los usuarios de Web1 tenían muy pocas opciones: no podían modificar el contenido y modificar los sitios web era muy complejo, ya que requería conocimientos técnicos y acceso directo al servidor.
La época de Web1 era una experiencia de solo lectura: los usuarios consumían información de forma pasiva y no participaban activamente. Los sitios web funcionaban como folletos digitales, con comunicación unidireccional. Aunque era restrictivo, este formato sentó las bases para experiencias más interactivas que llegarían después.
La segunda generación de internet surgió durante la "burbuja puntocom" de 1995 a 2001, un periodo de auge bursátil en empresas tecnológicas. Muchos modelos de negocio de organizaciones jóvenes, impulsados por el entusiasmo en torno a la tecnología, no cumplieron las expectativas. Como resultado, en la primavera del 2000 la burbuja puntocom estalló y se produjeron importantes correcciones en el mercado.
Web2 se caracteriza por un diseño web más avanzado y una mayor funcionalidad. Así, las plataformas que sobrevivieron al estallido, incluidas grandes plataformas de comercio electrónico, ofrecieron la posibilidad de dejar valoraciones y reseñas. Surgieron enciclopedias colaborativas como Wikipedia, donde los usuarios pueden modificar contenidos y contribuir al conocimiento colectivo.
Los desarrolladores lanzaron plataformas para facilitar la comunicación a distancia, como las redes sociales, que revolucionaron la forma de conectar y compartir información. Estas plataformas introdujeron el contenido generado por el usuario, transformando al internauta en creador activo.
Con Web2 apareció la censura en internet: los dueños de plataformas comenzaron a prohibir usuarios cuyas opiniones consideraban indeseables, lo que planteó debates sobre la libertad de expresión y el poder de las plataformas centralizadas.
Otro problema de Web2 es la centralización: los servidores que permiten el funcionamiento de las plataformas son vulnerables. Si fallan, los usuarios pierden el acceso a los sitios. Este punto único de fallo es una debilidad considerable en la infraestructura actual.
En definitiva, Web2 es más avanzado que Web1 en términos técnicos, pero la segunda versión de la red presenta importantes limitaciones. El salto a Web3 puede ofrecer soluciones a estos desafíos, permitiendo una experiencia más resiliente y centrada en el usuario.
Gavin Wood, cofundador de Ethereum, utilizó por primera vez el término Web3 en 2014. Según su visión, la tercera generación de internet será una versión descentralizada de Web2, más resiliente, segura y transparente.
En esta tercera etapa, los usuarios podrán interactuar con el mercado del metaverso y los tokens no fungibles (NFT), que los desarrolladores emplean para poblar mundos digitales. Esto abre nuevas posibilidades para la propiedad digital y la creatividad, permitiendo a los usuarios poseer realmente sus activos digitales.
Las aplicaciones descentralizadas podrían ser la base de Web3, mientras que blockchain funcionará como el "hilo conductor" entre todos los componentes de esta versión. Esta tecnología permite organizar el almacenamiento distribuido de datos, de modo que la información se replica y distribuye entre los ordenadores de los usuarios, protegiendo frente a caídas de plataformas por daños en servidores u otras incidencias técnicas.
Blockchain garantiza la protección y la autenticidad de los datos: la tecnología está diseñada para que nadie pueda borrar ni alterar ninguna información registrada en la cadena y verificada por los participantes del sistema. Esta inmutabilidad es clave para generar confianza en los sistemas descentralizados.
Los contratos inteligentes automatizan las operaciones del sistema y reducen la dependencia de intermediarios, permitiendo interacciones directas entre usuarios sin terceros de confianza. Los contratos inteligentes se ejecutan automáticamente al cumplirse ciertas condiciones, lo que aporta transparencia y eficiencia.
El mercado de finanzas descentralizadas (DeFi) será el encargado de organizar las relaciones financieras en Web3. Este modelo implica rechazar las entidades financieras centralizadas y apostar por un sistema distribuido de activos digitales. Las plataformas DeFi permiten servicios como préstamos, trading, inversión y generación de rendimientos sin intermediarios tradicionales.
Actualmente, ya existen aplicaciones compatibles con Web3 en el mercado. Sin embargo, todavía es pronto para hablar de una integración completa, ya que la tecnología se encuentra en fases iniciales y todavía se está desarrollando la infraestructura, los estándares y las interfaces necesarias para una adopción generalizada.
La principal ventaja de la tercera generación de internet es su enfoque en la descentralización, que garantiza la estabilidad de la red y la protección de los datos de los usuarios. El uso de blockchain también permite eliminar intermediarios, lo que acelera las transacciones y reduce los costes innecesarios.
La descentralización aporta beneficios clave:
La descentralización también protege a los usuarios frente a la censura y ayuda a la comunidad a liberarse del control de las grandes corporaciones. Por ello, es probable que las organizaciones que obtienen beneficios de Web2 intenten resistir el avance de Web3 mediante retos regulatorios, tecnologías alternativas o intentos de apropiarse del relato de Web3.
El modelo económico de Web3 es diferente al de Web2: en lugar de que las plataformas extraigan valor de los datos y la atención de los usuarios, los participantes pueden beneficiarse directamente de sus aportaciones. Los sistemas de incentivos basados en tokens recompensan la participación, la creación de contenido y el mantenimiento de la red, distribuyendo el valor de forma más equitativa.
Por otro lado, Web3 promete una mayor interoperabilidad entre plataformas y servicios: los usuarios podrán llevar su identidad digital, activos y reputación de una aplicación a otra sin barreras, eliminando los ecosistemas cerrados y facilitando la innovación y la competencia.
El desarrollo de Web3 no solo supone un avance tecnológico, sino una reimaginación fundamental de cómo internet puede servir a la sociedad. Al priorizar la soberanía del usuario, la transparencia y la gobernanza descentralizada, Web3 propone un futuro digital más democrático y resiliente.
Web3 es una arquitectura de internet descentralizada que devuelve el valor a creadores y usuarios. A diferencia del modelo centralizado de Web2, donde las plataformas obtienen beneficios del contenido generado por los usuarios, Web3 utiliza la tecnología blockchain para permitir la propiedad, el control y la participación económica directa de los usuarios.
Web3 resuelve los problemas de centralización permitiendo redes descentralizadas donde los usuarios controlan sus datos y activos. Elimina intermediarios, garantiza la transparencia mediante blockchain y facilita la transferencia de valor directa entre participantes, sin control de terceros.
Web3 ofrece descentralización, con control de datos y activos digitales por los usuarios, mayor seguridad gracias a blockchain, confianza basada en algoritmos en lugar de intermediarios institucionales y una economía de creadores. Elimina monopolios, permite gobernanza transparente y crea nuevas oportunidades económicas con la tokenización y los contratos inteligentes.
Blockchain es la infraestructura fundamental de Web3 y permite interacciones digitales descentralizadas, transparentes y seguras. Elimina la necesidad de autoridades centrales, permite a los usuarios poseer y controlar sus datos, impulsa DeFi, NFT, DAO y posibilita transacciones sin confianza, garantizando la integridad del dato en todo el ecosistema.
Las aplicaciones Web3 incluyen finanzas descentralizadas (DeFi) como Uniswap y protocolos de préstamos, organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), NFT para activos digitales, redes sociales descentralizadas y soluciones de almacenamiento distribuido. DeFi es el sector más maduro, permitiendo préstamos, trading y servicios financieros transparentes sin intermediarios, gracias a contratos inteligentes en redes blockchain.
Web3 afronta vulnerabilidades en contratos inteligentes, falta de liquidez e incertidumbre regulatoria. Estas cuestiones pueden provocar brechas de seguridad y volatilidad en el mercado.
Los usuarios pueden participar en Web3 instalando una billetera de criptomonedas, comprando activos digitales e interactuando con aplicaciones descentralizadas (DApp). Se recomienda empezar aprendiendo los conceptos básicos de blockchain y después explorar protocolos DeFi, plataformas de NFT y tokens de gobernanza para participar en el ecosistema descentralizado.











