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El 27 de febrero de 2026, Sam Bankman-Fried (SBF) generó un intenso debate en redes sociales al preguntar: cuando la IA deba adquirir potencia de cómputo u otros servicios, ¿pagará a través del sistema bancario o usará criptomonedas? En apariencia, es una cuestión sobre métodos de pago. Sin embargo, desde una perspectiva estructural, cuestiona los propios límites del sistema financiero: cuando los agentes de las transacciones dejan de ser humanos y pasan a ser algoritmos, ¿siguen vigentes las normas actuales?
Con el avance acelerado de la tecnología de IA, esta pregunta resulta sumamente relevante y trasciende la teoría.
Los sistemas financieros modernos se fundamentan en tres pilares:
KYC (Know Your Customer) no es solo un proceso de cumplimiento, sino un sistema diseñado para garantizar la rendición de cuentas. Las entidades financieras emplean la verificación de identidad para asociar la actividad financiera a sujetos legales. Esta lógica entra en conflicto al aplicarse a la IA.
La IA carece de personalidad jurídica y no puede asumir por sí misma responsabilidades civiles o penales. Incluso si ejecuta decisiones complejas, sus acciones deben atribuirse en última instancia a una persona física o entidad jurídica. Conforme a los marcos financieros tradicionales, la IA no puede ser titular directa de cuentas.
En los últimos años, la IA ha evolucionado desde la generación de contenidos hasta la automatización de operaciones, el análisis de datos y la ejecución de trading. Algunos sistemas ya pueden:
Desde el punto de vista funcional, estos sistemas poseen "agencia económica". Sin embargo, legalmente siguen siendo herramientas. El modelo predominante es que las empresas sean titulares de las cuentas y la IA opere dentro de límites autorizados. Toda la responsabilidad recae finalmente en la empresa.
En la práctica, la IA aún no es un actor económico independiente, sino un componente de los sistemas de automatización empresarial.
Desde el punto de vista técnico, las redes blockchain imponen requisitos mínimos a los participantes. La creación de direcciones y la firma de transacciones no requieren verificación de identidad. La autoridad está determinada por la clave privada, no por el estatus legal.
Esto convierte a las criptomonedas, en teoría, en una solución idónea para transacciones entre máquinas (M2M), especialmente en:
Si llegaran a producirse transacciones de recursos a gran escala entre IAs, el sistema bancario tradicional podría enfrentarse a retos de eficiencia y costes de cumplimiento.
No obstante, la idoneidad técnica no implica aceptación institucional. La naturaleza sin permisos de la blockchain obliga a los reguladores a ser aún más estrictos con la prevención del blanqueo de capitales y la gestión de riesgos.
Los reguladores se centran en tres cuestiones esenciales:
Si se permitiera a la IA poseer activos directamente, los marcos regulatorios deberían responder a una cuestión crítica: ¿quién asume la responsabilidad última por las acciones de la IA? Actualmente no existe un marco legal maduro para "entidades máquina" a nivel global. Incluso con los avances en identidad digital (DID), estos se destinan principalmente a la autenticación personal, no a otorgar personalidad jurídica a algoritmos.
En el futuro previsible, los reguladores probablemente respaldarán un "modelo de agencia", en el que la IA opere bajo la autoridad de una persona o empresa y no como entidad independiente.
En la práctica, las principales empresas de IA actualmente utilizan:
Estas soluciones ya cubren las necesidades de adquisición de capacidad de cómputo y gestión de gastos operativos. Es decir, las criptomonedas no son imprescindibles para el desarrollo de la IA en esta fase. Solo si se cumplen las siguientes condiciones, las ventajas estructurales de las criptomonedas serán claras:
Actualmente, estos escenarios se encuentran en una fase temprana de exploración.
A medio y largo plazo, la convergencia entre IA y sistemas financieros puede seguir tres trayectorias:
Actualmente, el segundo escenario es el más probable.
La cuestión planteada por SBF no se refiere a tendencias de mercado a corto plazo, sino a una variable institucional de gran calado: a medida que los algoritmos asuman más decisiones económicas, ¿reescribirán los sistemas financieros las reglas para la participación de las máquinas? Si en el futuro la legislación reconoce alguna forma de "entidad económica digital", las redes blockchain, gracias a su apertura y programabilidad, podrían obtener una ventaja estructural. Si el sistema financiero sigue priorizando la identidad, la IA continuará subordinada a entidades humanas y las criptomonedas no experimentarán un punto de inflexión decisivo solo por el avance de la IA.
La verdadera relevancia de este debate es poner de relieve una posible bifurcación institucional en la próxima década.
Que las criptomonedas se conviertan en infraestructura fundamental en la era de la IA no depende de la capacidad técnica, sino de cómo definamos "quién puede ser participante económico".





