La palabra modularidad suena muy grande, pero en realidad, para el usuario final, los cambios más directos son solo dos: usarlo de manera más fragmentada, más parecido a un internet ensamblado. Hoy en esta cadena se realiza la liquidación, mañana en esa capa se hace la interacción, en la billetera hay una serie de redes que saltan de un lado a otro, en pocas palabras, lo que sientes es que las tarifas de transacción a veces son un poco más baratas, y la experiencia a veces es un poco más fragmentada. La seguridad y la confianza también se han separado, antes criticábamos una cadena y eso era todo, ahora cuando surge un problema, no sabemos a quién culpar en esa capa.



Recientemente, la guerra de palabras sobre las regalías de NFT también parece bastante como un efecto secundario de la modularidad: cada capa quiere dejar un poco de beneficio para sí misma, y como resultado, los usuarios y creadores quedan atrapados en medio, y la liquidez tampoco está contenta. De todos modos, lo que más me preocupa no es perder dinero, sino que cada vez que hay un problema, nadie se hace responsable, y al final solo puedo culparme a mí mismo por no haberlo visto claramente. Por ahora, así lo dejo, seguiré en modo submarino.
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