La casa donde nació Hitler, hoy oficialmente se convirtió en una comisaría de policía.


El gobierno austríaco gastó alrededor de 20 millones de euros en reformarla, con la esperanza de que deje de ser un lugar de peregrinación para los neonazis.
El gobierno había alquilado el edificio durante mucho tiempo, desde 1972, para evitar que fuera aprovechado por la extrema derecha, y luego lo cedió a una organización sin fines de lucro. Después de que la casa quedara vacía en 2011, el gobierno puso en marcha una expropiación forzosa y en 2017 la incorporó a su patrimonio estatal.
Derribarla se consideraría borrar la historia, y convertirla en museo podría seguir atrayendo a los seguidores, por lo que Austria, finalmente, la transformó en la comisaría local y en la comandancia de policía del condado: repintaron de blanco las fachadas, cambiaron las ventanas en arco por ventanas rectangulares y colocaron un letrero con “policía” en la entrada.
La piedra conmemorativa antifascista frente al edificio no fue retirada. Todavía dice:
“Para la paz, la libertad y la democracia. Que nunca vuelva a haber fascismo. Los millones de muertos advierten al mundo.”
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