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Al acercarse el final de 2025, el mercado global de metales preciosos vive un rally inusual y de gran intensidad. Desde el inicio del año, el precio del oro ha subido de forma sostenida, superando varios récords a mediados de diciembre. El oro al contado superó brevemente los 4 500 dólares por onza y sigue atrayendo importantes flujos de capital.
La plata, el platino y otros metales preciosos también han registrado avances significativos, con varios indicadores de precios alcanzando nuevos máximos de ciclo. Esta fortaleza generalizada de los metales preciosos está directamente relacionada con el aumento de la incertidumbre macroeconómica global y un repunte concentrado de la demanda de activos refugio.
Desde la perspectiva técnica y de flujos de capital, el oro ha subido más del 70 % en lo que va de año, consolidándose como uno de los activos principales con mejor rendimiento en los últimos años. Los inversores reconocen cada vez más el papel del oro como reserva de valor y activo tangible, lo que impulsa una demanda sostenida para la asignación a largo plazo en carteras.

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En claro contraste con la fortaleza de los metales preciosos, Bitcoin ha mantenido una evolución débil de cara a la Navidad. Su precio ha oscilado principalmente entre 87 000 y 90 000 dólares, sin un movimiento decisivo en el corto plazo.
Aunque Bitcoin se acercó a niveles psicológicos clave a comienzos de este año, la proximidad de las fiestas y la menor liquidez del mercado han hecho que los inversores sean más cautelosos. Como consecuencia, el impulso alcista se ha desvanecido de forma evidente.
El avance de los metales preciosos ha provocado salidas de capital desde Bitcoin, generando presión psicológica de fin de año para algunos tenedores. El apetito general por el riesgo se ha reducido en el corto plazo. En un contexto de negociación navideña reducida y mayor volatilidad, los criptoactivos tienden a consolidarse en rangos acotados.
Las condiciones macroeconómicas siguen siendo el principal motor de la fortaleza del oro, reflejándose en varios factores clave:
En comparación, aunque algunos inversores consideran Bitcoin como “oro digital”, su evolución a corto plazo es más vulnerable al sentimiento de mercado en un entorno de liquidez decreciente y menor volumen de negociación.
No es que Bitcoin haya dejado de funcionar como refugio, sino que el apetito de riesgo actual se centra más en metales preciosos tradicionales que en activos de riesgo altamente volátiles.
El comportamiento de oro y Bitcoin en 2025 ofrece varias lecciones clave para los inversores:
De cara a 2026, las expectativas de mercado para el oro y Bitcoin permanecen divididas:
A largo plazo, la propuesta de valor y los impulsores de mercado para metales preciosos y criptoactivos seguirán evolucionando. Los inversores deben vigilar de cerca los datos económicos globales, las directrices de los bancos centrales y los cambios en el sentimiento general de riesgo.
En resumen, con la llegada de la Navidad, los metales preciosos muestran una fortaleza destacada, mientras que Bitcoin enfrenta una presión creciente. Esta divergencia evidencia la preferencia por activos refugio tradicionales y una postura cautelosa frente a la incertidumbre a corto plazo en los mercados cripto.
Comprender a fondo los factores subyacentes y los ciclos de ambos tipos de activos ayudará a los inversores a tomar decisiones más racionales y resilientes en un entorno de mercado cada vez más complejo.





