
El modelo Stock-to-Flow (S2F) es un marco utilizado para medir la escasez de un activo, calculando la relación entre el stock existente y la nueva emisión anual (flow). Puede imaginarse como un depósito de agua y un grifo: el agua almacenada representa el stock y el agua que entra cada año es el flow. Cuanto mayor sea la relación, mayor será la escasez.
Este modelo se aplica sobre todo a activos con una oferta fija o de crecimiento lento, como los metales preciosos y Bitcoin. Al contar con una oferta total limitada y calendarios de emisión predecibles, los cambios por el lado de la oferta son más fáciles de cuantificar. Es fundamental señalar que el modelo stock-to-flow solo describe la oferta; no contempla de forma directa la demanda ni la dinámica de precios.
El cálculo de la relación stock-to-flow es directo: S2F = Stock ÷ Flow. “Stock” es la oferta circulante actual y “flow” es la nueva emisión anual. Un valor S2F alto indica que se tarda más en añadir otra unidad al stock, lo que refleja una mayor escasez.
Por ejemplo, Bitcoin tiene una oferta máxima de 21 millones de monedas. Si en un año concreto se acuñan X monedas nuevas y la oferta circulante es Y, entonces el S2F de ese año es aproximadamente Y ÷ X. Esta relación aumenta con el tiempo debido a los eventos de halving y los ajustes en las recompensas por bloque, lo que evidencia una inflación de oferta decreciente.
Es importante entender que S2F no es una fórmula de precio. Sirve como “indicador de escasez” que permite comparar la rigidez de la oferta entre diferentes períodos o clases de activos.
En Bitcoin, el modelo stock-to-flow se emplea principalmente para observar cómo los eventos de halving afectan la escasez a largo plazo. Aproximadamente cada cuatro años, Bitcoin atraviesa un halving: las recompensas de bloque disminuyen y la emisión anual se reduce, incrementando el S2F.
Bitcoin ha experimentado halvings en 2012, 2016, 2020 y abril de 2024 (las fechas pueden consultarse en los datos públicos de la blockchain). Cada halving reduce la inflación y significa que entra menos oferta nueva en circulación en el mismo periodo, proporcionando una base cuantitativa para la narrativa de “escasez creciente”. Muchos análisis toman el S2F como referencia para estudiar el comportamiento de precios antes y después de los halvings.
No obstante, la evolución de los precios también depende de factores como la demanda, la liquidez macroeconómica, la regulación y los cambios en el sentimiento del mercado. El modelo stock-to-flow aporta información sobre la oferta, pero no es un predictor completo de precios.
El modelo stock-to-flow puede malinterpretarse por varias razones. Primero, es fácil confundir correlación con causalidad: aumentos en el S2F y subidas de precio pueden coincidir, pero eso no implica relación causal.
Segundo, el modelo ignora factores de demanda. El crecimiento de usuarios, la adopción real, la entrada institucional, los flujos de ETF y los tipos de interés macroeconómicos influyen en la demanda y los precios, pero no se contemplan en los cálculos del S2F.
Tercero, existe el riesgo de sobreajustar los datos históricos. Generar curvas con un R cuadrado alto a partir de pocos ciclos puede no ser válido en otras épocas, especialmente si surgen nuevos participantes o políticas en el mercado.
Cuarto, el modelo se apoya en supuestos estáticos. Cambios en la dificultad de bloque, la proporción de comisiones, el comportamiento on-chain o los marcos regulatorios pueden modificar las tasas reales de emisión y la estructura de mercado, desconectando el S2F de la evolución real de los precios.
El modelo stock-to-flow se centra únicamente en la intensidad de la oferta, respondiendo a la pregunta “¿qué tan lenta es la nueva emisión respecto al stock existente?”. Por el contrario, el análisis de oferta y demanda abarca toda la dinámica de precios del mercado, donde la demanda suele variar más rápido e impredeciblemente que la oferta.
Por tanto, el S2F es útil para comparar la escasez o la inflación a lo largo del tiempo. Para descubrir el precio real es necesario integrar factores de demanda: usos reales, coste de capital, apetito de riesgo, contexto regulatorio y atractivo frente a otros activos. Considerar el S2F dentro de un marco más amplio de oferta y demanda ayuda a evitar narrativas centradas solo en la oferta.
El modelo stock-to-flow puede formar parte de la investigación a medio y largo plazo e incorporarse en el trading y la gestión de carteras mediante un enfoque estructurado:
Paso 1: Adopte una perspectiva de la oferta. Haga seguimiento del stock y el flow anual; monitorice eventos de halving o cambios en el calendario de emisión; compare la curva S2F con los ciclos de precios a lo largo del tiempo.
Paso 2: Añada métricas de demanda y liquidez. Combine el S2F con indicadores como actividad on-chain, distribución de tokens, tipos de interés macroeconómicos y liquidez en USD; evite tomar decisiones basadas solo en la oferta.
Paso 3: Aplíquelo en los escenarios de Gate. Por ejemplo, utilice las páginas de mercado de Gate para observar rangos de volatilidad antes y después de los halvings; establezca alertas de precios; emplee estrategias de promediado del coste en cuentas spot para integrar el análisis de ciclos en la gestión de posiciones; si usa derivados, controle el apalancamiento y fije stop-losses—nunca base sus decisiones direccionales en un único modelo.
Paso 4: Implemente mecanismos de revisión. De forma mensual o trimestral, compruebe si los supuestos vinculados al S2F siguen siendo válidos (por ejemplo, aumento de la proporción de comisiones afectando a la emisión efectiva) y ajuste los pesos según corresponda.
Estos pasos constituyen únicamente un marco de investigación y no son asesoramiento de inversión. La selección de activos y la estrategia deben ser dinámicas y adaptarse siempre a las condiciones actuales.
Las extensiones habituales del modelo stock-to-flow incluyen S2FX y las “métricas de desviación”. S2FX busca clasificar activos en distintas “fases” (como etapas de monetización) para comparar la escasez entre activos y explicar los cambios de precio durante esas transiciones.
Las métricas de desviación miden cuánto se alejan los precios reales de las estimaciones del modelo S2F—ya sea como ratios o diferencias—para evaluar si los precios están por encima o por debajo de los valores modelados. Algunos analistas interpretan desviaciones significativas como señales de sentimiento extremo o posibles puntos de giro de ciclo; sin embargo, estas señales deben validarse con datos de demanda y liquidez.
En definitiva, tanto S2FX como las métricas de desviación añaden supuestos adicionales sobre el indicador básico de escasez. Ofrecen perspectivas más profundas, pero no reducen la sensibilidad a cambios en la demanda o en las políticas.
El riesgo de capital es fundamental. Utilizar el modelo stock-to-flow como fórmula de predicción de precios puede llevar a una concentración o apalancamiento excesivos, exponiéndole a grandes pérdidas si cambian la demanda o las condiciones macroeconómicas.
El riesgo de modelo también es relevante. Las variables del S2F son limitadas y no recogen shocks regulatorios, eventos inesperados o cambios estructurales en la dinámica de mercado. Una dependencia excesiva de cualquier modelo puede causar fallos ante situaciones imprevistas.
No debe olvidarse el riesgo operativo. Si utiliza derivados o productos de alto apalancamiento, establezca siempre stop-losses, gestione cuidadosamente el tamaño de las posiciones, active alertas de riesgo en plataformas como Gate, diversifique asignaciones y ejecute en tramos para evitar fallos críticos.
El modelo stock-to-flow sigue teniendo valor como referencia, aunque con límites más definidos. A medida que evoluciona el ecosistema de Bitcoin—con cambios en la proporción de comisiones, entradas institucionales y de ETF, y variaciones en los tipos de interés macroeconómicos—los factores que impulsan el precio se vuelven más complejos. El peso explicativo de una sola métrica de oferta fluctúa.
En el cuarto halving de Bitcoin en abril de 2024, la inflación de la oferta sigue descendiendo y la narrativa de escasez a largo plazo persiste. Sin embargo, una investigación eficaz requiere ahora integrar el S2F con factores de demanda, estructuras de capital, novedades regulatorias y avances tecnológicos, para evitar una visión centrada únicamente en la oferta.
El modelo stock-to-flow mide la escasez mediante “stock ÷ flow”, por lo que resulta idóneo para observar cómo evolucionan activos de oferta limitada como Bitcoin en el lado de la oferta a través de halvings y cambios en la emisión. No es una herramienta de predicción de precios—debe analizarse junto a métricas de demanda, condiciones de liquidez y estructura de mercado.
Ruta de aprendizaje sugerida: primero, comprenda la lógica entre stock y flow; después, incorpore eventos de halving y cronogramas de inflación; luego, combine información de la actividad on-chain, distribución de holders e indicadores macroeconómicos; finalmente, practique estrategias escalonadas y de baja frecuencia con sólidos controles de riesgo en Gate, revisando periódicamente sus supuestos. Adoptar la incertidumbre con un enfoque multidimensional maximiza el valor de referencia del modelo stock-to-flow.
En teoría, el modelo stock-to-flow puede usarse en cualquier criptoactivo con un calendario de emisión fijo, aunque la eficacia práctica varía según el activo. Bitcoin es el candidato ideal para el análisis S2F por su ciclo de halving transparente y datos de oferta circulante. En activos como Ethereum con mecanismos de emisión dinámicos, las fluctuaciones en stock y flow reducen la precisión predictiva. Antes de aplicar este modelo, evalúe siempre si el mecanismo de emisión del activo cumple los requisitos del S2F.
Los cálculos del modelo S2F se basan principalmente en plataformas de datos blockchain y registros oficiales. Para Bitcoin, los datos están disponibles en proveedores de análisis profesionales como Glassnode o CryptoQuant, o pueden calcularse directamente desde un nodo Bitcoin Core. Contraste siempre varias fuentes de datos, ya que las metodologías de cálculo (por ejemplo, inclusión de transacciones no confirmadas o el momento de las recompensas mineras) pueden diferir entre proveedores, afectando a la precisión del S2F.
Si las predicciones del modelo difieren notablemente del mercado real: primero, verifique los datos de entrada; segundo, evalúe si eventos inesperados (como cambios regulatorios o actualizaciones técnicas) han alterado la dinámica tradicional de oferta y demanda. Combine otras herramientas de análisis (métricas on-chain, ciclos macroeconómicos, análisis técnico) para un juicio multidimensional—nunca dependa únicamente de las previsiones del S2F. Lo esencial es comprender los límites del modelo y no seguir ciegamente sus resultados.
Existe una relación indirecta, pero no una correlación directa entre S2F y los costes de minería. El modelo stock-to-flow mide la escasez según la oferta circulante y la nueva emisión (ambas variables de oferta). Los costes de minería—including electricidad y depreciación de hardware—influyen en el umbral de rentabilidad de los mineros y su disposición a vender monedas, lo que forma parte de la economía de la oferta. Aunque un S2F alto implica mayor escasez y puede favorecer precios más altos (y la rentabilidad de los mineros), las variaciones en los costes de minería no modifican directamente los valores S2F; requieren un análisis separado.
La lógica es sencilla: lo escaso es más valioso. “Stock” es la oferta total emitida; “flow” es la nueva emisión anual; una relación S2F alta implica menos oferta nueva y, por tanto, mayor escasez. Bitcoin experimenta un halving cada cuatro años, lo que incrementa su S2F con el tiempo, de forma similar a la creciente escasez del oro (S2F del oro: aproximadamente 50–60). Los principiantes pueden tomar el S2F del oro como referencia para comprender la tendencia de Bitcoin, pero deben recordar que este modelo es solo una herramienta de referencia—no un predictor directo de precios.


