Mientras el dólar tambalea: ¿está Bitcoin a punto de despegar?

En la semana pasada, la Reserva Federal comunicó dos decisiones que marcaron la agenda de los mercados financieros: una reducción de tasas de interés al rango de 3.50%–3.75% y un programa de compras mensuales de 40 mil millones de dólares en letras del Tesoro. Aunque el mercado ya había anticipado el recorte de tasas (el tercero de 2024, sumando 175 puntos básicos desde hace un año), lo verdaderamente sorprendente fue el segundo anuncio, rápidamente etiquetado por comentaristas como una medida de “QE-lite”.

¿Qué está realmente sucediendo bajo la superficie de estos anuncios de política monetaria? Y más importante aún, ¿qué significa para Bitcoin y otros activos de riesgo?

El mecanismo de compra de corto plazo: lo que cambia y lo que no

La Reserva Federal está adquiriendo letras del Tesoro a corto plazo, no bonos con plazo extendido. Esta es una distinción fundamental que muchos analistas pasan por alto.

Cuando se habla de las compras de gestión de reservas, se crea una narrativa alcista automática en redes como X y en medios de comunicación financiero. Sin embargo, los detalles técnicos revelan una realidad más compleja:

Las compras no absorben la duración del mercado. Los inversores siguen expuestos a la sensibilidad de los tipos de interés. El Tesoro estadounidense ya emite aproximadamente el 84% de sus instrumentos en el tramo corto de la curva de rendimientos, por lo que esta política no remodela sustancialmente la estructura de plazos que enfrentan los participantes del mercado.

Los rendimientos a largo plazo permanecen sin comprimir. Aunque el programa de compra puede reducir marginalmente la presión de emisión futura en el extremo largo, esto no resuelve el problema fundamental: los tipos a largo plazo siguen determinados por las expectativas de inflación y las primas de riesgo.

Las condiciones financieras generales no se relajan. Este programa está diseñado con un objetivo limitado: estabilizar el mercado de repos y garantizar liquidez en el sistema bancario. No reduce sistemáticamente el coste de endeudamiento corporativo, las tasas hipotecarias, o lo que los economistas llaman “tasa de descuento de las acciones”.

¿El resultado? Esta medida es fundamentalmente diferente de la represión financiera real, aquella que empujaría a los inversores hacia activos de mayor riesgo. Para construir una calculadora de rentabilidad esperada de letras del Tesoro bajo distintos escenarios, los analistas cuantitativosverían que el actual programa NO comprime los spreads de riesgo de la manera que lo haría un verdadero QE.

Cuándo llegará el verdadero detonante para Bitcoin

Si la política actual no es expansiva para los activos de riesgo, ¿cuándo lo será? Los mercados tienen un catalizador claro en el horizonte. Cuando la Reserva Federal finalmente transite hacia una represión financiera explícita —independientemente de cómo la denomine— ocurrirán simultáneamente varios eventos:

  • Las tasas de interés reales caerán (impulsadas por un aumento de expectativas de inflación)
  • Los tipos a largo plazo se comprimirán artificialmente hacia abajo
  • El coste de endeudamiento corporativo bajará significativamente
  • Las tasas hipotecarias declinarán
  • La prima de plazo se desmoronará

Cuando esto suceda, los inversores despertarán al “olor” de la represión financiera y rebalancearán masivamente sus carteras hacia activos que no pueden ser depreciados por decreto político.

La volatilidad probablemente aumentará de manera material durante el primer trimestre del próximo año, antes de que emerja con claridad el nuevo régimen de política monetaria.

El problema más profundo: la guerra comercial global y el colapso del sistema del dólar

Pero hay algo más grande ocurriendo detrás de estas decisiones de política monetaria mensual. Estados Unidos está entrando en una nueva fase estratégica: relocalización de manufactura, rebalanceo del comercio global y competencia por la supremacía en tecnologías críticas como la inteligencia artificial.

Este objetivo está en conflicto directo con la posición del dólar como moneda de reserva mundial. El estatus de moneda de reserva requiere un déficit comercial perpetuo de Estados Unidos. Los dólares fluyen al extranjero para pagar importaciones, y luego regresan a través de inversiones en bonos del Tesoro y activos estadounidenses. Este es el mecanismo del famoso “Dilema de Triffin”: Estados Unidos debe endeudarse para mantener su moneda como reserva global.

Las matemáticas de este sistema están llegando a su límite:

Desde el año 2000, más de 14 billones de dólares han ingresado a los mercados de capital estadounidenses (sin contar los 9 billones en bonos actualmente en manos extranjeras). Simultáneamente, aproximadamente 16 billones de dólares han salido del país para financiar el déficit comercial.

Cualquier esfuerzo genuino por reducir este déficit comercial —como busca hacer la administración actual— inevitablemente reduce el capital circulante que regresa a los mercados financieros estadounidenses. Cuando otros países, como Japón, comprenden que pueden invertir 550 mil millones de dólares en manufactura estadounidense, ese capital NO puede estar simultáneamente fluyendo hacia los mercados de bonos del Tesoro.

El escenario inevitable: devaluación forzada del dólar

Aquí es donde converge el análisis macroeconómico con la realidad de los mercados de divisas. China está devaluando deliberadamente el yuan para dar a sus exportadores una ventaja de precio artificial. Simultáneamente, el dólar está sobrevalorado artificialmente precisamente porque los inversores extranjeros lo ven como refugio seguro, lo que hace que los productos estadounidenses sean relativamente caros.

Este desequilibrio estructural no se resolverá suavemente. Creemos que la única solución viable es una devaluación forzada del dólar. Cuando esto ocurra —y ocurrirá— el mercado debe decidir qué activos funcionarán como reserva de valor global en el nuevo régimen.

¿Podrán los bonos del Tesoro estadounidense seguir cumpliendo ese papel?

Esta es la pregunta de un billón de dólares. Históricamente, Bitcoin y otros activos de reserva de valor descentralizados (como el oro) han sido marginales en la asignación global de riqueza. Pero en un mundo donde la represión financiera se vuelve explícita, donde las monedas soberanas compiten por devaluarse primero, los activos que no pueden ser devaluados por decreto —porque su suministro es finito y no depende de la credibilidad de ningún gobierno— ganaran relevancia exponencial.

Este es el verdadero panorama macro. Bitcoin está esperando, pero no el anuncio de esta semana. Está esperando el detonante real: el reconocimiento de que el orden monetario actual es insostenible.

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