Internet moderno está construido y controlado por un puñado de gigantes tecnológicos. Las encuestas públicas muestran un panorama preocupante: aproximadamente el 70% de los estadounidenses cree que las grandes corporaciones tecnológicas ejercen un control excesivo sobre Internet, mientras que alrededor del 85% sospecha que estas empresas monitorean sus datos personales sin consentimiento explícito.
Esta creciente ansiedad por la privacidad digital y la explotación de datos ha provocado una revolución tecnológica. Un nuevo modelo de infraestructura conocido como Web3 está emergiendo para desafiar el statu quo. A diferencia del ecosistema Web2 actual, los defensores de Web3 afirman ofrecer experiencias de usuario comparables, eliminando la dependencia de servidores corporativos centralizados. Aunque Web3 aún está en su infancia, los principios subyacentes y las innovaciones tecnológicas continúan madurando rápidamente.
Para quienes buscan entender la dirección futura del panorama digital, comprender la diferencia entre Web2 y Web3 es esencial. Este conocimiento revela cómo Web3 aspira a pasar de un modelo de consumo y participación a uno en el que los usuarios mantienen una propiedad genuina de sus activos digitales.
Comprendiendo las tres generaciones de Internet
La web ha evolucionado a través de tres fases distintas: Web1, Web2 y Web3. Cada generación representa un cambio fundamental en cómo los usuarios interactúan con el contenido digital y quién controla esa infraestructura.
La base: Web1 y sus limitaciones
En 1989, el científico informático británico Tim Berners-Lee desarrolló la primera versión de la web en CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) para facilitar el intercambio de información entre redes de computadoras. A lo largo de los años 90, a medida que más servidores y desarrolladores contribuían a ampliar la infraestructura de Internet, Web1 se volvió accesible más allá de entornos académicos y de investigación.
Este Internet temprano funcionaba bajo un principio de “solo lectura”. Los usuarios visitaban páginas web estáticas conectadas por hipervínculos, similar a navegar por un sitio de referencia enciclopédico. La experiencia era en gran medida pasiva: las personas recuperaban información, pero rara vez generaban o modificaban contenido. Web1 carecía de las funciones interactivas que ahora damos por sentado en las aplicaciones web contemporáneas.
El cambio: la revolución interactiva de Web2
A mediados de los 2000, se produjo una transformación significativa. Los desarrolladores comenzaron a integrar capacidades de interacción más sofisticadas en las aplicaciones web, marcando la transición del consumo pasivo de Web1 al paradigma de “leer y escribir” de Web2.
Web2 cambió fundamentalmente la participación del usuario. Surgieron plataformas donde las personas podían publicar comentarios, contribuir con videos, crear blogs y compartir contenido. Los usuarios pasaron de ser consumidores pasivos a creadores activos. Sin embargo, surgió una dinámica crítica: mientras los usuarios generaban enormes cantidades de contenido original, las corporaciones que alojaban estas plataformas retenían la propiedad y el control total de esos datos.
Este acuerdo permitió el auge de modelos de negocio basados en la vigilancia. Las principales empresas tecnológicas monetizaron la atención de los usuarios a través de sistemas publicitarios. Empresas como Alphabet y Meta obtienen entre el 80% y el 90% de sus ingresos anuales de anuncios dirigidos, aprovechando los datos de los usuarios para maximizar la efectividad publicitaria.
La emergencia: la promesa de descentralización de Web3
Los fundamentos conceptuales de Web3 se consolidaron a finales de los 2000, cuando la tecnología blockchain ganó prominencia. Bitcoin, lanzado en 2009 por el criptógrafo Satoshi Nakamoto, introdujo un sistema revolucionario de pagos peer-to-peer. En lugar de depender de servidores centralizados, Bitcoin utilizó blockchain—un libro mayor distribuido mantenido en miles de computadoras—para registrar transacciones de forma segura y transparente.
La arquitectura descentralizada de Bitcoin inspiró a los desarrolladores a reconsiderar el diseño fundamental de Web2. ¿Por qué los usuarios de Internet deberían depender de servidores corporativos controlados por unas pocas empresas? Esta pregunta llevó a explorar alternativas descentralizadas.
El lanzamiento de Ethereum en 2015 aceleró esta evolución. El equipo de Vitalik Buterin introdujo los “smart contracts”—programas autoejecutables que hacen cumplir condiciones predeterminadas sin necesidad de supervisión central. Los smart contracts permitieron una nueva categoría de aplicaciones: aplicaciones descentralizadas (dApps) que operan en redes blockchain, manteniendo la funcionalidad que los usuarios esperan de las aplicaciones web tradicionales.
Gavin Wood, fundador de la blockchain Polkadot, acuñó formalmente el término “Web3” para describir esta transición hacia una infraestructura de internet descentralizada. La misión central del movimiento Web3 es sencilla: devolver el control del contenido digital y la identidad a los usuarios individuales en lugar de a intermediarios corporativos.
Diferencias clave: arquitectura de Web2 versus Web3
Fundamentos estructurales
La diferencia fundamental radica en la arquitectura. Web2 funciona mediante sistemas centralizados donde las empresas poseen y gestionan la infraestructura. Web3 funciona a través de redes descentralizadas donde miles de computadoras independientes (nodos) mantienen colectivamente el sistema.
Esta diferencia arquitectónica tiene implicaciones profundas. En Web2, una corporación determina políticas, controla datos y toma decisiones estratégicas sobre la dirección de la plataforma. En Web3, ninguna entidad única posee este poder. En cambio, los mecanismos de consenso distribuidos rigen las operaciones.
Propiedad y control de datos
En Web2, los usuarios crean contenido pero nunca lo poseen realmente. Las empresas de redes sociales mantienen derechos de propiedad intelectual y pueden modificar, eliminar o monetizar el contenido generado por los usuarios según sus términos. Los usuarios, en esencia, alquilan el privilegio de alojar su contenido en plataformas corporativas.
Web3 rediseña esta relación. Los usuarios que se conectan a través de aplicaciones basadas en blockchain pueden mantener la propiedad criptográfica de sus activos digitales. Una wallet de criptomonedas sirve como prueba de propiedad y como herramienta para acceder a servicios descentralizados. Ninguna empresa media esta relación.
Modelos de gobernanza
Las empresas de Web2 toman decisiones mediante jerarquías corporativas tradicionales. Los ejecutivos y juntas directivas determinan las funciones de la plataforma, cambios en políticas y la dirección estratégica. Los usuarios no tienen voz formal en estas decisiones.
Muchos proyectos de Web3 implementan Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAOs)—estructuras de gobernanza que distribuyen el poder de decisión entre los titulares de tokens. Las personas que poseen un token de gobernanza del protocolo pueden votar sobre cambios propuestos, democratizando efectivamente las decisiones de desarrollo.
Evaluando ventajas y desventajas
Por qué Web2 sigue siendo dominante
Eficiencia operativa y escalabilidad
Las empresas centralizadas pueden implementar decisiones rápidamente y escalar operaciones con rapidez. Una jerarquía de liderazgo puede identificar oportunidades, asignar recursos y lanzar nuevas funciones sin requerir consenso de miles de partes interesadas. Esta agilidad permite que las plataformas Web2 iteran más rápido que las alternativas descentralizadas.
Interfaz de usuario amigable
Años de perfeccionamiento han hecho que las aplicaciones Web2 sean notablemente intuitivas. Interfaces limpias, navegación sencilla y procesos de inicio de sesión familiares permiten que usuarios con conocimientos técnicos mínimos interactúen sin problemas. Funciones como búsquedas y recomendaciones personalizadas mejoran significativamente la usabilidad.
Velocidad y procesamiento de datos
Los servidores centralizados procesan datos más eficientemente que las redes blockchain distribuidas. La recuperación de información, procesamiento de transacciones y respuestas del sistema ocurren casi instantáneamente en plataformas Web2. Cuando surgen conflictos en la red, una autoridad central puede resolverlos de manera definitiva.
El problema de vulnerabilidad de Web2
Erosión de la privacidad
Las empresas tecnológicas que controlan más del 50% del tráfico de Internet disfrutan de una visibilidad sin precedentes sobre el comportamiento de los usuarios. Este control concentrado de datos crea vulnerabilidades sistémicas frente a violaciones de privacidad, vigilancia y manipulación.
Puntos únicos de fallo
La infraestructura centralizada genera riesgos catastróficos. Cuando los principales proveedores de servicios en la nube experimentan caídas, se vuelven inaccesibles secciones enteras de Internet. Por ejemplo, fallos en infraestructura en la nube en 2020 y 2021 deshabilitaron docenas de sitios web importantes simultáneamente, demostrando la fragilidad de Web2.
Ilusión de propiedad
Los usuarios no pueden poseer realmente sus creaciones digitales en plataformas Web2. Las empresas extraen ingresos del contenido generado por los usuarios, limitando la capacidad de los creadores para monetizar de forma independiente o transferir su trabajo a otros lugares.
La promesa de Web3
Privacidad y propiedad genuinas
Las aplicaciones basadas en blockchain ofrecen a los usuarios prueba criptográfica de propiedad y control sobre sus activos digitales. Los usuarios acceden a los servicios de forma anónima mediante wallets, sin revelar información personal. El contenido no puede ser censurado o eliminado arbitrariamente por entidades corporativas.
Arquitectura resiliente
Las redes con miles de nodos independientes eliminan los puntos únicos de fallo. Si un nodo se compromete o se desconecta, miles de otros continúan operando el sistema sin problemas. Esta redundancia distribuida crea una verdadera resiliencia.
Gobernanza participativa
Las DAOs permiten a los usuarios influir en la dirección del protocolo mediante votaciones basadas en tokens. La gobernanza se vuelve democrática en lugar de jerárquica, alineando la evolución de la plataforma con las preferencias de la comunidad.
Limitaciones actuales de Web3
Curva de aprendizaje pronunciada
Web3 requiere que los usuarios entiendan conceptos como wallets digitales, criptomonedas, claves privadas y transacciones en blockchain. Esta barrera técnica excluye a quienes no tienen experiencia en criptomonedas. Las interfaces actuales, aunque mejoran, siguen siendo menos intuitivas que las aplicaciones Web2 establecidas.
Costos de transacción
A diferencia de muchos servicios Web2 gratuitos, interactuar con sistemas blockchain implica tarifas de gas—cargos por transacción que compensan a los participantes de la red por los recursos computacionales. Aunque ciertas blockchains y soluciones de capa 2 mantienen bajos los costos, los usuarios conscientes del gasto pueden encontrar Web3 poco atractivo económicamente.
Ciclos de desarrollo más lentos
La gobernanza mediante DAOs mejora la descentralización, pero ralentiza la innovación. Los proyectos deben esperar a que la comunidad vote sobre propuestas antes de implementar cambios, extendiendo los plazos de desarrollo y complicando la resolución de conflictos.
Desafíos de escalabilidad
Las redes blockchain actuales procesan menos transacciones por segundo que los sistemas centralizados Web2. Aunque las soluciones de capa 2 y los nuevos diseños de blockchain abordan esta limitación, la escalabilidad sigue siendo un desafío técnico activo.
Cómo comenzar con aplicaciones Web3
Para quienes estén listos para explorar Web3, el proceso de entrada es sencillo. El primer paso consiste en seleccionar e instalar una wallet digital compatible con blockchain. Diferentes blockchains requieren wallets específicos—las wallets compatibles con Ethereum funcionan específicamente con el ecosistema de Ethereum, mientras que otras redes blockchain requieren soluciones de wallet específicas de la red.
Una vez configurada la wallet, conéctela a una aplicación Web3 a través de su interfaz “Conectar Wallet”. Este proceso es similar a iniciar sesión en sitios Web2, pero reemplaza la autenticación con contraseña por verificación mediante wallet.
Encontrar aplicaciones relevantes se simplifica mediante plataformas agregadoras de Web3 que catalogan las aplicaciones descentralizadas populares en varias blockchains. Estos directorios organizan las dApps por red blockchain y categoría—juegos, mercados de activos digitales, servicios financieros y más—ayudando a los nuevos usuarios a navegar en el creciente ecosistema Web3.
El camino hacia adelante
Web3 representa la próxima evolución de Internet, aunque aún quedan desafíos antes de su adopción generalizada. La transición de web2 a Web3 requiere resolver obstáculos de usabilidad, costo y escalabilidad. Sin embargo, a medida que la tecnología subyacente madura y las herramientas para desarrolladores mejoran, la infraestructura Web3 se vuelve cada vez más accesible.
La promesa central sigue siendo convincente: un internet donde las personas controlan sus datos, poseen su contenido y participan activamente en la gobernanza de las plataformas. Si Web3 logrará esta visión dependerá de la innovación técnica continua, la mejora en el diseño de la experiencia del usuario y el compromiso de la comunidad con los principios de descentralización.
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Descifrando Web2 y Web3: Una guía completa sobre la evolución de Internet
La realidad detrás de Internet hoy en día
Internet moderno está construido y controlado por un puñado de gigantes tecnológicos. Las encuestas públicas muestran un panorama preocupante: aproximadamente el 70% de los estadounidenses cree que las grandes corporaciones tecnológicas ejercen un control excesivo sobre Internet, mientras que alrededor del 85% sospecha que estas empresas monitorean sus datos personales sin consentimiento explícito.
Esta creciente ansiedad por la privacidad digital y la explotación de datos ha provocado una revolución tecnológica. Un nuevo modelo de infraestructura conocido como Web3 está emergiendo para desafiar el statu quo. A diferencia del ecosistema Web2 actual, los defensores de Web3 afirman ofrecer experiencias de usuario comparables, eliminando la dependencia de servidores corporativos centralizados. Aunque Web3 aún está en su infancia, los principios subyacentes y las innovaciones tecnológicas continúan madurando rápidamente.
Para quienes buscan entender la dirección futura del panorama digital, comprender la diferencia entre Web2 y Web3 es esencial. Este conocimiento revela cómo Web3 aspira a pasar de un modelo de consumo y participación a uno en el que los usuarios mantienen una propiedad genuina de sus activos digitales.
Comprendiendo las tres generaciones de Internet
La web ha evolucionado a través de tres fases distintas: Web1, Web2 y Web3. Cada generación representa un cambio fundamental en cómo los usuarios interactúan con el contenido digital y quién controla esa infraestructura.
La base: Web1 y sus limitaciones
En 1989, el científico informático británico Tim Berners-Lee desarrolló la primera versión de la web en CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) para facilitar el intercambio de información entre redes de computadoras. A lo largo de los años 90, a medida que más servidores y desarrolladores contribuían a ampliar la infraestructura de Internet, Web1 se volvió accesible más allá de entornos académicos y de investigación.
Este Internet temprano funcionaba bajo un principio de “solo lectura”. Los usuarios visitaban páginas web estáticas conectadas por hipervínculos, similar a navegar por un sitio de referencia enciclopédico. La experiencia era en gran medida pasiva: las personas recuperaban información, pero rara vez generaban o modificaban contenido. Web1 carecía de las funciones interactivas que ahora damos por sentado en las aplicaciones web contemporáneas.
El cambio: la revolución interactiva de Web2
A mediados de los 2000, se produjo una transformación significativa. Los desarrolladores comenzaron a integrar capacidades de interacción más sofisticadas en las aplicaciones web, marcando la transición del consumo pasivo de Web1 al paradigma de “leer y escribir” de Web2.
Web2 cambió fundamentalmente la participación del usuario. Surgieron plataformas donde las personas podían publicar comentarios, contribuir con videos, crear blogs y compartir contenido. Los usuarios pasaron de ser consumidores pasivos a creadores activos. Sin embargo, surgió una dinámica crítica: mientras los usuarios generaban enormes cantidades de contenido original, las corporaciones que alojaban estas plataformas retenían la propiedad y el control total de esos datos.
Este acuerdo permitió el auge de modelos de negocio basados en la vigilancia. Las principales empresas tecnológicas monetizaron la atención de los usuarios a través de sistemas publicitarios. Empresas como Alphabet y Meta obtienen entre el 80% y el 90% de sus ingresos anuales de anuncios dirigidos, aprovechando los datos de los usuarios para maximizar la efectividad publicitaria.
La emergencia: la promesa de descentralización de Web3
Los fundamentos conceptuales de Web3 se consolidaron a finales de los 2000, cuando la tecnología blockchain ganó prominencia. Bitcoin, lanzado en 2009 por el criptógrafo Satoshi Nakamoto, introdujo un sistema revolucionario de pagos peer-to-peer. En lugar de depender de servidores centralizados, Bitcoin utilizó blockchain—un libro mayor distribuido mantenido en miles de computadoras—para registrar transacciones de forma segura y transparente.
La arquitectura descentralizada de Bitcoin inspiró a los desarrolladores a reconsiderar el diseño fundamental de Web2. ¿Por qué los usuarios de Internet deberían depender de servidores corporativos controlados por unas pocas empresas? Esta pregunta llevó a explorar alternativas descentralizadas.
El lanzamiento de Ethereum en 2015 aceleró esta evolución. El equipo de Vitalik Buterin introdujo los “smart contracts”—programas autoejecutables que hacen cumplir condiciones predeterminadas sin necesidad de supervisión central. Los smart contracts permitieron una nueva categoría de aplicaciones: aplicaciones descentralizadas (dApps) que operan en redes blockchain, manteniendo la funcionalidad que los usuarios esperan de las aplicaciones web tradicionales.
Gavin Wood, fundador de la blockchain Polkadot, acuñó formalmente el término “Web3” para describir esta transición hacia una infraestructura de internet descentralizada. La misión central del movimiento Web3 es sencilla: devolver el control del contenido digital y la identidad a los usuarios individuales en lugar de a intermediarios corporativos.
Diferencias clave: arquitectura de Web2 versus Web3
Fundamentos estructurales
La diferencia fundamental radica en la arquitectura. Web2 funciona mediante sistemas centralizados donde las empresas poseen y gestionan la infraestructura. Web3 funciona a través de redes descentralizadas donde miles de computadoras independientes (nodos) mantienen colectivamente el sistema.
Esta diferencia arquitectónica tiene implicaciones profundas. En Web2, una corporación determina políticas, controla datos y toma decisiones estratégicas sobre la dirección de la plataforma. En Web3, ninguna entidad única posee este poder. En cambio, los mecanismos de consenso distribuidos rigen las operaciones.
Propiedad y control de datos
En Web2, los usuarios crean contenido pero nunca lo poseen realmente. Las empresas de redes sociales mantienen derechos de propiedad intelectual y pueden modificar, eliminar o monetizar el contenido generado por los usuarios según sus términos. Los usuarios, en esencia, alquilan el privilegio de alojar su contenido en plataformas corporativas.
Web3 rediseña esta relación. Los usuarios que se conectan a través de aplicaciones basadas en blockchain pueden mantener la propiedad criptográfica de sus activos digitales. Una wallet de criptomonedas sirve como prueba de propiedad y como herramienta para acceder a servicios descentralizados. Ninguna empresa media esta relación.
Modelos de gobernanza
Las empresas de Web2 toman decisiones mediante jerarquías corporativas tradicionales. Los ejecutivos y juntas directivas determinan las funciones de la plataforma, cambios en políticas y la dirección estratégica. Los usuarios no tienen voz formal en estas decisiones.
Muchos proyectos de Web3 implementan Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAOs)—estructuras de gobernanza que distribuyen el poder de decisión entre los titulares de tokens. Las personas que poseen un token de gobernanza del protocolo pueden votar sobre cambios propuestos, democratizando efectivamente las decisiones de desarrollo.
Evaluando ventajas y desventajas
Por qué Web2 sigue siendo dominante
Eficiencia operativa y escalabilidad
Las empresas centralizadas pueden implementar decisiones rápidamente y escalar operaciones con rapidez. Una jerarquía de liderazgo puede identificar oportunidades, asignar recursos y lanzar nuevas funciones sin requerir consenso de miles de partes interesadas. Esta agilidad permite que las plataformas Web2 iteran más rápido que las alternativas descentralizadas.
Interfaz de usuario amigable
Años de perfeccionamiento han hecho que las aplicaciones Web2 sean notablemente intuitivas. Interfaces limpias, navegación sencilla y procesos de inicio de sesión familiares permiten que usuarios con conocimientos técnicos mínimos interactúen sin problemas. Funciones como búsquedas y recomendaciones personalizadas mejoran significativamente la usabilidad.
Velocidad y procesamiento de datos
Los servidores centralizados procesan datos más eficientemente que las redes blockchain distribuidas. La recuperación de información, procesamiento de transacciones y respuestas del sistema ocurren casi instantáneamente en plataformas Web2. Cuando surgen conflictos en la red, una autoridad central puede resolverlos de manera definitiva.
El problema de vulnerabilidad de Web2
Erosión de la privacidad
Las empresas tecnológicas que controlan más del 50% del tráfico de Internet disfrutan de una visibilidad sin precedentes sobre el comportamiento de los usuarios. Este control concentrado de datos crea vulnerabilidades sistémicas frente a violaciones de privacidad, vigilancia y manipulación.
Puntos únicos de fallo
La infraestructura centralizada genera riesgos catastróficos. Cuando los principales proveedores de servicios en la nube experimentan caídas, se vuelven inaccesibles secciones enteras de Internet. Por ejemplo, fallos en infraestructura en la nube en 2020 y 2021 deshabilitaron docenas de sitios web importantes simultáneamente, demostrando la fragilidad de Web2.
Ilusión de propiedad
Los usuarios no pueden poseer realmente sus creaciones digitales en plataformas Web2. Las empresas extraen ingresos del contenido generado por los usuarios, limitando la capacidad de los creadores para monetizar de forma independiente o transferir su trabajo a otros lugares.
La promesa de Web3
Privacidad y propiedad genuinas
Las aplicaciones basadas en blockchain ofrecen a los usuarios prueba criptográfica de propiedad y control sobre sus activos digitales. Los usuarios acceden a los servicios de forma anónima mediante wallets, sin revelar información personal. El contenido no puede ser censurado o eliminado arbitrariamente por entidades corporativas.
Arquitectura resiliente
Las redes con miles de nodos independientes eliminan los puntos únicos de fallo. Si un nodo se compromete o se desconecta, miles de otros continúan operando el sistema sin problemas. Esta redundancia distribuida crea una verdadera resiliencia.
Gobernanza participativa
Las DAOs permiten a los usuarios influir en la dirección del protocolo mediante votaciones basadas en tokens. La gobernanza se vuelve democrática en lugar de jerárquica, alineando la evolución de la plataforma con las preferencias de la comunidad.
Limitaciones actuales de Web3
Curva de aprendizaje pronunciada
Web3 requiere que los usuarios entiendan conceptos como wallets digitales, criptomonedas, claves privadas y transacciones en blockchain. Esta barrera técnica excluye a quienes no tienen experiencia en criptomonedas. Las interfaces actuales, aunque mejoran, siguen siendo menos intuitivas que las aplicaciones Web2 establecidas.
Costos de transacción
A diferencia de muchos servicios Web2 gratuitos, interactuar con sistemas blockchain implica tarifas de gas—cargos por transacción que compensan a los participantes de la red por los recursos computacionales. Aunque ciertas blockchains y soluciones de capa 2 mantienen bajos los costos, los usuarios conscientes del gasto pueden encontrar Web3 poco atractivo económicamente.
Ciclos de desarrollo más lentos
La gobernanza mediante DAOs mejora la descentralización, pero ralentiza la innovación. Los proyectos deben esperar a que la comunidad vote sobre propuestas antes de implementar cambios, extendiendo los plazos de desarrollo y complicando la resolución de conflictos.
Desafíos de escalabilidad
Las redes blockchain actuales procesan menos transacciones por segundo que los sistemas centralizados Web2. Aunque las soluciones de capa 2 y los nuevos diseños de blockchain abordan esta limitación, la escalabilidad sigue siendo un desafío técnico activo.
Cómo comenzar con aplicaciones Web3
Para quienes estén listos para explorar Web3, el proceso de entrada es sencillo. El primer paso consiste en seleccionar e instalar una wallet digital compatible con blockchain. Diferentes blockchains requieren wallets específicos—las wallets compatibles con Ethereum funcionan específicamente con el ecosistema de Ethereum, mientras que otras redes blockchain requieren soluciones de wallet específicas de la red.
Una vez configurada la wallet, conéctela a una aplicación Web3 a través de su interfaz “Conectar Wallet”. Este proceso es similar a iniciar sesión en sitios Web2, pero reemplaza la autenticación con contraseña por verificación mediante wallet.
Encontrar aplicaciones relevantes se simplifica mediante plataformas agregadoras de Web3 que catalogan las aplicaciones descentralizadas populares en varias blockchains. Estos directorios organizan las dApps por red blockchain y categoría—juegos, mercados de activos digitales, servicios financieros y más—ayudando a los nuevos usuarios a navegar en el creciente ecosistema Web3.
El camino hacia adelante
Web3 representa la próxima evolución de Internet, aunque aún quedan desafíos antes de su adopción generalizada. La transición de web2 a Web3 requiere resolver obstáculos de usabilidad, costo y escalabilidad. Sin embargo, a medida que la tecnología subyacente madura y las herramientas para desarrolladores mejoran, la infraestructura Web3 se vuelve cada vez más accesible.
La promesa central sigue siendo convincente: un internet donde las personas controlan sus datos, poseen su contenido y participan activamente en la gobernanza de las plataformas. Si Web3 logrará esta visión dependerá de la innovación técnica continua, la mejora en el diseño de la experiencia del usuario y el compromiso de la comunidad con los principios de descentralización.