La arquitectura financiera mundial en una encrucijada: ¿qué significa para América el fin de la hegemonía del dólar?

Cuando en julio de 2024 el endeudamiento de EE. UU. se acercó al umbral mágico de 35 billones de dólares, esto fue una señal para una reflexión más profunda sobre los cambios fundamentales que están ocurriendo en el orden económico global. Esta cifra, que para cada estadounidense significa en promedio 100 mil dólares en obligaciones públicas, es solo un síntoma de un problema mayor: la pérdida de la hegemonía del dólar en la arena internacional.

Por qué el plan de China fracasaría completamente: vender todos los bonos del Tesoro de EE. UU.

La pregunta que surge de manera provocativa es: ¿qué pasaría si China de repente anunciara la venta de sus 771 mil millones de dólares en deuda de EE. UU.? La respuesta es menos dramática de lo que podría parecer.

El paquete de bonos chinos representa solo el 2% de las obligaciones totales de Estados Unidos. Aunque para un observador promedio esta fracción puede parecer pequeña, en los mercados financieros mundiales representa la llamada “gran pez”, capaz de causar perturbaciones significativas. Si Pekín simultáneamente lanzara este arsenal de valores al mercado, las rentabilidades de los bonos del Tesoro aumentarían bruscamente, junto con los costos de servicio de la deuda para Washington.

Sin embargo, China misma se encontraría en una situación incómoda. Como país con las mayores reservas de divisas del mundo y poseedor de una enorme cartera de activos denominados en dólares, al “atacar” al dólar mediante una venta masiva de bonos, Pekín se dispararía a sí mismo en el pie. La depreciación de la moneda estadounidense se traduciría directamente en pérdidas en las reservas de divisas chinas.

Anatomía de la deuda: ¿qué le espera a Estados Unidos?

El tamaño de las obligaciones representa casi el 125% del producto interno bruto anual de EE. UU. Esta proporción refleja un problema fundamental: los gastos públicos superan con creces las capacidades fiscales. Desde infraestructura hasta bienestar social y gastos militares, todo requiere financiamiento.

El gobierno de EE. UU. ha implementado una estrategia clásica: pedir prestado a todo el mundo. Inversores extranjeros, corporaciones, gobiernos: todos se han convertido en “acreedores” de Estados Unidos. Dado que EE. UU. cuenta con la economía más grande del mundo, un sistema financiero avanzado y una reputación internacional, han logrado durante años beneficiarse de este sistema. El dólar como moneda mundial permite imprimir dinero para pagar la deuda mediante mecanismos como la flexibilización cuantitativa o la reducción de tasas de interés.

Pero todo sistema tiene límites. El creciente endeudamiento obliga a Washington a elegir entre tres opciones: aumentar los impuestos, reducir el gasto social o implementar soluciones inflacionarias mediante la monetización de la deuda. Cada una de estas vías conlleva consecuencias sociales y económicas significativas.

La credibilidad en juego: cuando la deuda entra en crisis de confianza

Hasta ahora, los bonos del Tesoro de EE. UU. atraían a los inversores como un refugio relativamente seguro. Sin embargo, esta posición se basa en la confianza: la creencia de que Estados Unidos es capaz de pagar sus obligaciones. Cuanto mayor es la deuda, más se pone a prueba esa confianza.

Si los poseedores internacionales de bonos comienzan a dudar de la estabilidad financiera de EE. UU. y empiezan a vender masivamente los valores, la economía estadounidense enfrentará un escenario de shock. El aumento en la rentabilidad de los bonos tendrá un efecto dominó: las empresas pagarán más por los créditos, las inversiones disminuirán y el desempleo aumentará. Además, la credibilidad internacional de EE. UU. se erosionará, limitando su influencia política en el escenario mundial.

Estrategas financieros emergentes: de la hegemonía del dólar a la dedolarización

Aquí aparece un actor que cambia todo el juego: el fenómeno de la dedolarización. Desde la “década perdida” en América Latina, pasando por la crisis financiera en el Sudeste Asiático, hasta las recientes turbulencias en Argentina y Turquía, los países del mundo han experimentado cómo la posición hegemónica del dólar favorece los objetivos de expansión económica de Estados Unidos.

El esquema es predecible: la Reserva Federal aumenta la oferta de dólares mediante una política monetaria expansiva. Los países emergentes, viendo créditos baratos, toman préstamos en dólares. Cuando la economía de EE. UU. recupera ritmo, la Fed sube las tasas de interés. El capital internacional vuelve masivamente a EE. UU. en busca de mayores ganancias. Los demás países quedan cargados con deudas denominadas en un dólar que se aprecia.

Este patrón se ha repetido muchas veces. Como resultado, según informes de julio de 2024, casi la mitad de los países del mundo están en proceso de dedolarización. China promueve la internacionalización del yuan, los países del BRICS están formando sistemas alternativos de liquidación que incluyen canales bancarios satelitales, evitando las estructuras tradicionales controladas por Washington. Incluso las economías tradicionalmente occidentales expresan dudas sobre el monopolio de la moneda estadounidense.

El papel de China: de la pasividad a la configuración del orden

Para China, poseer 771 mil millones de dólares en deuda de EE. UU. no es solo una obligación, sino una carta estratégica. En lugar de vender los bonos, lo que sería una medida destructiva para ambas partes, Pekín puede utilizarlos en la diplomacia económica. Al mismo tiempo, China promueve activamente un orden financiero alternativo, donde la influencia no proviene de la dominación de la moneda, sino de una coalición de economías emergentes.

Como mayor país en desarrollo, representante de las economías emergentes y motor de estructuras financieras alternativas, China desempeña un papel cada vez más central. Cada paso de Pekín influye en la trayectoria de la arquitectura económica global.

Implicaciones para las personas comunes y el futuro

Para el ciudadano promedio del mundo, estos procesos pueden parecer abstractos. Sin embargo, la dedolarización tendrá efectos directos: cambiarán los tipos de cambio, puede haber perturbaciones comerciales transitorias y aumentará la volatilidad de los mercados. A largo plazo, sin embargo, deshacerse de la hegemonía de una sola moneda debería conducir a un orden financiero más estable y diversificado.

El momento actual en la historia económica es un punto de inflexión. La deuda de EE. UU. de 35 billones de dólares no es solo un número: es un símbolo del fin de una era, en la que Estados Unidos podía financiar sus gastos mediante el monopolio en la emisión de la moneda mundial. El futuro pertenece a sistemas más multipolares, donde el poder financiero está disperso entre múltiples centros económicos.

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