17 de junio de 2026: El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Reserva Federal votó por unanimidad, 12–0, mantener sin cambios el rango objetivo para la tasa de fondos federales en 3,50%–3,75%. Esta decisión marca la cuarta reunión consecutiva en la que la Fed mantiene los tipos estables desde su último recorte en diciembre de 2025. Sin embargo, la decisión sobre los tipos de interés no fue el principal foco de atención de los mercados; el verdadero detonante del debate fue la publicación simultánea del Resumen de Proyecciones Económicas y el dot plot, que revelaron una realidad más profunda: la inflación lleva más de cinco años desviándose del objetivo del 2%, y la previsión mediana de la Fed para la inflación subyacente del PCE a finales de 2026 se revisó drásticamente al alza, pasando del 2,7% en marzo al 3,3%.
Cinco años. Desde que la inflación comenzó a dispararse en 2021, alcanzando sus niveles más altos en unas cuatro décadas, la trayectoria de la política de la Fed ha recorrido todo el ciclo: desde calificar la inflación de "transitoria", pasando por subidas agresivas de tipos, hasta un repliegue a medida que la inflación se enfriaba, solo para presenciar un nuevo repunte. Sin embargo, a mediados de 2026, el objetivo del 2% sigue siendo esquivo, y parece aún más lejano en el horizonte previsible. Este artículo busca responder a una cuestión central: ¿Por qué la Fed no logra volver a la era del objetivo del 2%? La respuesta se despliega en tres dimensiones: la lógica detrás de las previsiones de inflación al alza, el cambio fundamental en el marco de política de la Fed y la naturaleza estructural de los shocks de oferta.
Una reunión de política redefinida por el tono restrictivo
El comunicado de política monetaria del FOMC de junio contenía apenas 130 palabras, siendo el más breve en 19 años. El texto eliminó cualquier indicio sobre la futura dirección de los tipos, minimizando por completo la orientación a futuro que fue característica de la era Powell. En su primera rueda de prensa como presidente de la Fed, Kevin Warsh dejó claro que la institución ha abandonado la orientación a futuro y que no puede ofrecer ninguna perspectiva concreta sobre futuras actuaciones. Comparó el dot plot con "un lápiz con goma de borrar", subrayando que sus colegas entienden que el mundo cambia rápidamente y que no se verán atados por opiniones formadas seis semanas atrás.
Detrás de este cambio drástico en la comunicación subyace un deterioro sustancial en las previsiones de inflación. La previsión de inflación general del PCE para 2026 se elevó del 2,7% en el SEP de marzo al 3,6%, y la del PCE subyacente del 2,7% al 3,3%. Las previsiones para 2027 también se revisaron al alza: el PCE subyacente pasó del 2,2% al 2,5%. Destaca que el dot plot mostró que 9 de los 18 responsables que presentaron previsiones esperan al menos una subida de tipos antes de que acabe 2026, y 6 abogan por un aumento acumulado de 50 puntos básicos o más. En contraste, en marzo nadie preveía subidas de tipos en el año. La previsión mediana para la tasa de fondos federales a finales de 2026 subió del 3,4% al 3,8%.
¿Qué significa esto? En solo tres meses, el consenso interno de la Fed pasó de "un recorte de tipos este año" a "al menos una subida de tipos, posiblemente más". El único motor de este giro: la inflación.
Las raíces estructurales de la desviación inflacionaria
El hecho de que la inflación no haya regresado al 2% durante cinco años consecutivos no es fruto de un solo acontecimiento, sino de una combinación de factores estructurales.
El primer factor son los shocks geopolíticos que impulsan la volatilidad de los precios energéticos. La guerra en Irán elevó los precios globales de la energía. Aunque los recientes indicios de paz entre Estados Unidos e Irán han propiciado cierto alivio en los precios internacionales del petróleo, los efectos retardados sobre la inflación siguen siendo notables. En mayo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de EE. UU. subió un 4,2% interanual, superando el 4% por primera vez en tres años y registrando el mayor incremento desde mayo de 2023. El comunicado de la Fed dejó claro que la inflación refleja en parte shocks de oferta que encarecen sectores como la energía.
El segundo factor es la transmisión inflacionaria de la política arancelaria. Los aranceles impuestos por el presidente Trump han añadido nueva presión alcista sobre los precios de los bienes importados. A diferencia de los shocks energéticos, el impacto inflacionario de los aranceles tiende a ser más persistente: altera directamente los precios relativos de las importaciones, y estos ajustes rara vez son puntuales.
El tercer factor proviene de la demanda interna estructural en EE. UU. El auge de la inteligencia artificial ha impulsado la construcción de centros de datos, el aumento de la demanda eléctrica y la inversión de capital. Unido al efecto riqueza derivado de la subida bursátil, estos elementos son vistos cada vez más por los responsables políticos como nuevas fuentes de inflación a corto plazo. En mayo, las ventas minoristas aumentaron un 0,9% mensual, muy por encima de lo esperado, y la tasa interanual escaló al 6,9%, el mayor ritmo en tres años y medio. La fortaleza de la demanda de los consumidores implica que, incluso si caen los precios de la energía, la presión inflacionaria por el lado de la demanda sigue creciendo.
El cuarto factor es la rigidez de los precios de los servicios subyacentes. Economistas de Bank of America señalan que el descenso de la inflación ligado a la vivienda prácticamente ha terminado, mientras que otros precios de servicios subyacentes siguen siendo muy rígidos. Esto sugiere que, aunque la inflación de bienes retroceda con la recuperación de la oferta, la naturaleza estructural de la inflación en servicios mantendrá el PCE subyacente por encima del objetivo.
El Instituto de Investigación de China Merchants Bank comentó que el crecimiento de la productividad y la inversión de capital siguen siendo sólidos, pero la desviación inflacionaria persiste desde hace más de cinco años. Warsh reconoció en su rueda de prensa que los precios persistentemente altos están lastrando a los estadounidenses. Sin embargo, la cuestión clave es que la Fed no puede influir de forma significativa en precios concretos—como los impulsados por shocks de oferta en la energía. Su tarea esencial es evitar los "efectos de segunda ronda" en los precios. Esta declaración aclara el anclaje de la política de la Fed bajo Warsh: no contrarrestar directamente los shocks de oferta, sino evitar que las expectativas de inflación se desanclen.
Del "forward guidance" a la "dependencia de los datos": un cambio fundamental de política
La primera reunión del FOMC bajo la presidencia de Warsh puede resultar más relevante por el cambio institucional que por la decisión sobre los tipos.
Anunció la creación de cinco grupos de trabajo dedicados a los mecanismos de comunicación, la gestión del balance, las fuentes de datos macroeconómicos y los sistemas de dependencia de datos, la investigación sobre productividad y mercado laboral, y el marco de política de inflación y el impacto de las nuevas tecnologías. Cada grupo prevé completar una revisión integral y presentar informes antes de fin de año. Se trata de la mayor revisión del marco de política de la Fed desde la crisis financiera de 2008.
La crítica de Warsh al sistema actual de datos de la Fed es significativa. Señaló que la mayor parte de los datos de la Fed proceden de "métodos de encuesta anticuados", que apenas captan la realidad económica de 2026. Las tasas de respuesta son insuficientes y las preguntas planteadas quizá fueran relevantes hace una generación, pero hoy lo son mucho menos. Incluso se mostró abierto a incorporar datos en tiempo real de empresas privadas y recalcó que los precios de los mercados financieros son la información más importante para guiar las decisiones del banco central.
¿Qué implica esto? La Fed de la era Warsh está pasando de "gestionar las expectativas del mercado" a "basarse en datos en tiempo real y en la realidad económica". La lógica de abandonar la orientación a futuro es que los mercados funcionan mejor cuando responden a datos en tiempo real, y los propios precios de mercado son el principal punto de referencia. Si los mercados simplemente reflejan lo que dice la Fed, es como "eliminar la fuente de información más importante y dejar de prestarle atención".
Este giro tiene profundas implicaciones para la gestión de la inflación. Bajo Powell, la Fed utilizaba la orientación a futuro para anclar las expectativas del mercado sobre la trayectoria de los tipos, influyendo así en las condiciones financieras e impactando indirectamente en la inflación. La lógica de Warsh es: en vez de que el mercado adivine las intenciones de la Fed, que la Fed observe las señales de precios del mercado. Esta filosofía de decisión "centrada en el mercado" implica que los futuros ajustes de política dependerán más de datos en tiempo real, serán menos previsibles, pero potencialmente más precisos.
Reajuste del mercado y análisis de la senda de subidas de tipos
Las señales restrictivas de la Fed fueron rápidamente descontadas por el mercado.
El mercado de futuros sobre tipos de interés experimentó un fuerte reajuste antes y después de la reunión. Antes del encuentro, la probabilidad implícita de una subida de tipos en septiembre era de apenas el 27%; tras la reunión, se disparó hasta el 83%. Para la reunión de octubre, el mercado ya descuenta plenamente una subida de tipos, con expectativas acumuladas de subidas de hasta 155 puntos básicos para fin de año. La rentabilidad del bono a dos años del Tesoro estadounidense subió unos 12 puntos básicos en un solo día, el mayor incremento diario desde abril de 2025.
Mientras tanto, las previsiones de la senda de subidas de tipos difieren notablemente entre instituciones. Deutsche Bank espera que la Fed suba los tipos un total de 50 puntos básicos en 2026, llevándolos al 4,1%, con una posible subida ya en julio. El 22 de junio, Bank of America cambió su perspectiva anterior y ahora prevé tres subidas de tipos este año, sumando 75 puntos básicos, con una subida en julio "en consideración". El economista de Bank of America, Aditya Bhave, fue tajante: "El problema de inflación de la Fed ha empeorado claramente".
Sin embargo, la aplicación real de estas subidas sigue siendo incierta. Donghai Securities señaló que las expectativas de subidas de tipos se deben principalmente a la inflación derivada del encarecimiento del petróleo. Estados Unidos e Irán han firmado un acuerdo; si los precios del petróleo bajan después y se confirma que el impacto sobre la inflación se desvanece, las expectativas de subidas para este año podrían revertirse. El funcionario de la Fed, Goolsbee, también afirmó que el banco central debe valorar si los shocks temporales—como los aranceles o la guerra en Irán que encarece la energía—son los únicos factores que impulsan la inflación al alza.
Para el mercado de criptomonedas, el aumento de las expectativas de subidas de tipos apunta a un endurecimiento continuado de las condiciones de liquidez. A medida que el mercado empieza a descontar "tipos más altos durante más tiempo" o incluso "nuevas subidas de tipos", el foco para las criptomonedas pasa de los eventos geopolíticos a si surgirán nuevas fuentes de liquidez. Con las expectativas de recortes de tipos desplomándose y la presión sobre la financiación persistiendo, los activos de riesgo afrontan una prueba de valoración más severa a corto plazo.
Conclusión: la distancia hasta el objetivo del 2%
Volviendo a la cuestión central: ¿Por qué la Fed no logra volver a la era del objetivo del 2%?
La respuesta no es única. Los shocks de oferta repetidos, los efectos inflacionarios de la política arancelaria, la resiliencia estructural de la demanda y la rigidez de los precios de los servicios subyacentes conforman juntos barreras sistémicas para que la inflación retorne al objetivo. El propio marco de política de la Fed está experimentando una transformación profunda: de la dependencia de la orientación a futuro a la dependencia de los datos, de la gestión de expectativas a la observación del mercado. Este cambio, en sí mismo, está redefiniendo el significado de "gestión de la inflación".
Warsh subrayó en su rueda de prensa que el objetivo del 2% de inflación no está dentro del alcance de los grupos de trabajo y que no hay razón para revisarlo antes de alcanzarlo. Sin embargo, con la previsión del PCE subyacente para 2026 revisada al 3,3% y la de 2027 aún en el 2,5%, el mercado tiene motivos para preguntarse: Tras cinco años de desviación persistente, ¿es el 2% un objetivo alcanzable o solo una promesa que se sigue posponiendo?
La respuesta puede depender de la evolución de tres variables: si la situación en Oriente Medio logra estabilizarse realmente y hacer que los precios de la energía vuelvan a la normalidad; si los efectos inflacionarios de la política arancelaria persisten en el tiempo; y si, bajo el liderazgo de Warsh, la Fed es capaz de encontrar una vía más eficaz para gestionar la inflación que la de "tipos altos durante más tiempo" mediante la innovación institucional. Hasta entonces, el 2% sigue siendo una meta por la que vale la pena luchar, pero que quizá resulte difícil de alcanzar.




