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Una transacción capaz de cambiar el panorama de la industria de pagos global está gestándose en silencio.
El 24 de febrero, Bloomberg reveló que Stripe, el gigante privado de pagos dirigido por los hermanos Collison, está considerando adquirir total o parcialmente a PayPal, un pionero en pagos con una larga historia. Ese mismo día, las acciones de PayPal subieron casi un 7%.
Uno es un unicornio privado valorado en 159 mil millones de dólares, y el otro, una antigua potencia con un valor de mercado de solo 43 mil millones pero con una gran red de usuarios. Detrás de esta operación no solo hay una lucha por cuota de mercado, sino también una batalla profunda sobre el futuro de los pagos, especialmente en el ámbito de las criptomonedas y las stablecoins.
La situación de PayPal y sus cartas
Para entender por qué esta posible adquisición causa tanto revuelo, primero veamos dos cifras.
En los últimos 12 meses, el precio de las acciones de PayPal cayó casi un 46%, y su valor de mercado ronda los 40 mil millones de dólares. Mientras tanto, Stripe, aún sin cotizar en bolsa, ha sido valorada en 1590 mil millones de dólares tras una recompra de acciones de sus empleados, siendo menos de una tercera del valor de Stripe.
Detrás de esta disparidad, la actividad de PayPal enfrenta múltiples presiones.
El panorama competitivo ha cambiado radicalmente. Apple Pay y Google Pay, basados en los sistemas operativos móviles, controlan la entrada al mercado para consumidores finales, mientras que nuevas fuerzas como Adyen y Stripe están ganando terreno en el ámbito empresarial, gracias a su flexibilidad tecnológica. PayPal, que empezó como un “garante tercero”, está perdiendo su carácter de conector en un mundo con múltiples puntos de entrada de pagos.
Los hábitos de los usuarios también están cambiando silenciosamente. Tras la explosión de pagos sociales y financieros integrados, la gente prefiere completar las transacciones en el momento del consumo, sin redirigirse a páginas de terceros. Ya sea con pagos con un clic de Stripe o con biometría en Apple Pay, parecen más convenientes que la interfaz azul que requiere recordar contraseñas. Aunque PayPal tiene Venmo, su uso como motor de negocio ha sido lento en su transformación.
El problema más profundo es la pérdida de confianza en su crecimiento. En el viejo mundo de pagos en moneda fiat, la innovación de PayPal parece haber llegado a su techo; en el ámbito de las criptomonedas, aunque lanzó PYUSD, ha sido criticada por ser “cumplidora en regulación pero sin una demanda interna real”, sin penetrar en ecosistemas DeFi ni ofrecer un valor diferencial en sus escenarios B2B transfronterizos.
Sin embargo, PayPal aún posee algunos activos que atraen a los gigantes tecnológicos.
Primero, Braintree, que procesa aproximadamente 7000 millones de dólares en pagos anuales, valorada por Bernstein entre 10 y 15 mil millones. Si se adquiere, el volumen total de pagos de Stripe podría subir a 21 billones de dólares, dándole ventaja frente a competidores como Adyen.
Segundo, Venmo, una app P2P con más de 100 millones de usuarios activos mensuales, valorada en unos 5 mil millones. Para Stripe, que ha estado en las sombras, es un valioso punto de contacto con consumidores: una “última milla visible”.
Tercero, su red global acumulada en casi 30 años: infraestructura de liquidación en más de 200 países, profundamente integrada en el comercio transfronterizo, y 438 millones de cuentas activas con tarjetas vinculadas y historial crediticio. Aunque antigua, es un puente sólido hacia el comercio mundial. Recientemente, PayPal lanzó el plan PayPal World, que, mediante alianzas con Tenpay, UPI y otros, potencialmente cubre a más de 2 mil millones de usuarios. Esta “interoperabilidad” que conecta los sistemas de pago de Oriente y Occidente es una estrategia difícil de replicar para cualquier competidor.
Todo este acumulado de casi 30 años no ha sido en vano. Pero lamentablemente, quien mejor puede aprovechar esta ventaja, quizás ya no sea PayPal mismo.
La stablecoin como línea oculta
No obstante, un término que los analistas de Wall Street repiten constantemente revela una ambición más profunda en esta operación: las stablecoins.
“Tras la fusión, Stripe y PayPal podrían convertirse en actores importantes en el campo de las stablecoins, ya que estas están cada vez más integradas en el comercio global”, afirma Dan Dolev, analista de Mizuho.
Al revisar las acciones de ambas en los últimos dos años, no es difícil ver que las criptomonedas, especialmente las stablecoins, son la apuesta común para su futuro. Pero sus estrategias son radicalmente diferentes.
PayPal opta por una estrategia de “control de red con moneda”, basada en una lógica centralizada que hereda y extiende la mentalidad de la era SWIFT, buscando llevar las ventajas de su red de pagos al mundo de las cadenas de bloques, creando un ecosistema cerrado centrado en PYUSD. En abril, incluso lanzó un programa de recompensas por mantener PYUSD, ofreciendo un 3.7% de rendimiento anual para impulsar el volumen de transacciones en stablecoins y así aumentar los pagos transfronterizos.
Por otro lado, Stripe tiene un enfoque más sistemático. En 2024, adquirió por 1.1 mil millones de dólares a Bridge, una infraestructura para stablecoins, su mayor compra hasta ahora. Pero su verdadera ambición se revela con el lanzamiento de la plataforma “Open Issuance”: no apuesta solo a emitir su propia stablecoin, sino a convertirse en un “arsenal” de pagos con stablecoins, construyendo infraestructura y herramientas para que otras empresas puedan emitir, gestionar y usar stablecoins.
El núcleo de “Open Issuance” permite a cualquier empresa emitir su propia stablecoin y obtener ingresos por intereses de reservas. Este modelo de “emisión como servicio” transfiere la captura de valor: mientras otros emisores tradicionales de stablecoins luchan por unos pocos puntos básicos de margen, Stripe abandona la dependencia de intereses de reservas y crea un nuevo modelo de ganancias basado en tarifas de servicio. El valor se desplaza de la “emisión” a la “distribución”.
El elemento clave es Tempo. Stripe y Paradigm están desarrollando conjuntamente esta cadena Layer 1 enfocada en pagos, con el objetivo de desafiar a redes tradicionales como SWIFT. La superposición de estas estrategias hace que la lógica de la posible adquisición de PayPal por Stripe sea aún más clara: Stripe cuenta con infraestructura de pagos en cadena (Tempo, Open Issuance), mientras que PayPal tiene una red de usuarios (400 millones de cuentas) y productos de stablecoin ya validados en el mercado (PYUSD).
Si PYUSD se integra en la cadena Tempo, aprovechando su confirmación en fracciones de segundo y bajo costo, y se conecta a través de Venmo a cientos de millones de consumidores, se podría crear por primera vez un “cierre de pagos Web3” fuera del sistema bancario tradicional. Esto no solo sería una complementariedad de productos, sino un golpe a la infraestructura financiera global existente.
Un escenario aún más imaginativo es el pago mediante agentes de IA. A diferencia del sistema bancario tradicional, los agentes de IA podrían tener sus propias direcciones de billetera criptográfica, recibiendo, almacenando y enviando fondos automáticamente. Esto facilitaría la liquidación automática entre máquinas, especialmente en microtransacciones. Stripe, con su protocolo de pago x 402, ya prepara el camino para esto, permitiendo a los desarrolladores realizar liquidaciones automáticas entre máquinas usando USDC en la cadena Base. Los 400 millones de cuentas de PayPal serían la vía de retiro ideal para estos agentes de IA.
Desafíos regulatorios y de integración
Por supuesto, la concreción de esta operación aún enfrenta muchas incertidumbres. Fuentes cercanas indican que las conversaciones están en etapas iniciales y no hay garantías de que se concrete.
La adquisición de empresas privadas por parte de compañías públicas y su privatización no es algo nuevo. En 2022, Elon Musk adquirió Twitter por 44 mil millones de dólares y rápidamente la retiró de Nasdaq, siendo uno de los casos más recientes. Los compradores suelen ofrecer una prima (entre 30% y 50%) para adquirir acciones y retirar la empresa del mercado, integrándola o convirtiéndola en subsidiaria. Stripe, con amplios recursos y respaldo de fondos como a16z y Thrive Capital, puede financiar la compra mediante deuda, nuevas rondas de inversión privada o reservas existentes.
Pero la regulación es una espada de Damocles. La fusión de estas dos gigantes de pagos, con un volumen total de transacciones cercano a 3.7 billones de dólares, atraerá la atención de las autoridades antimonopolio. Analistas de Raymond James sugieren que posibles compradores podrían ser Alphabet, Meta, Microsoft, Amazon o Apple, aunque la información financiera limitada de Stripe hace que la viabilidad de la operación sea incierta.
Además, la integración cultural no será sencilla. Stripe es conocido por su cultura de “geeks” y su enfoque en desarrolladores; su cofundador John Collison ha declarado que “no tiene prisa por salir a bolsa”. Por otro lado, PayPal es una empresa pública con 400 millones de usuarios. Conciliar estas diferencias será un reto para los hermanos Collison.
A pesar de ello, las noticias en sí mismas ya tienen un significado simbólico. Indican que la industria de pagos global está atravesando una profunda reevaluación de valores: el tamaño ya no es un escudo, y las capacidades de infraestructura futura se están convirtiendo en la clave del poder.
Para Stripe, adquirir PayPal sería un “serpiente devorando un elefante” intergeneracional; si no sucede, al menos el mercado ha visto claramente su ambición: no solo quiere ser la base de pagos en internet, sino también convertirse en el próximo creador de reglas en el mundo financiero.
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