Según CNBC, el 2 de marzo, Estados Unidos e Israel entraron en su tercer día de operaciones militares contra Irán, manteniendo la tensión en Oriente Medio. El presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó que la operación busca eliminar la amenaza de seguridad que representa Irán y advirtió que el conflicto podría durar varias semanas. Anteriormente, la coalición de EE. UU. e Israel lanzó un ataque aéreo masivo contra Irán, en el que murió el líder supremo Ali Khamenei, lo que provocó represalias con misiles y drones por parte de Irán.
Irán respondió atacando a Israel y a los países del Golfo con bases militares estadounidenses, incluyendo Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Arabia Saudita. Algunos ataques afectaron instalaciones civiles, reportándose explosiones y daños en infraestructura en varias áreas de Dubái. Los medios estatales iraníes informaron que el bombardeo causó la muerte de más de 200 personas en el país. Por parte de EE. UU., se reportó la muerte de 3 soldados y 5 heridos en el conflicto.
Con la escalada del conflicto en Oriente Medio, los mercados financieros globales reaccionaron rápidamente. Los precios internacionales del petróleo subieron considerablemente, con el crudo estadounidense aumentando más del 8% y el Brent casi un 9%. Al mismo tiempo, aumentó la demanda de refugio, elevando los precios del oro y la plata, mientras que los activos de riesgo global cayeron en general. Los futuros de índices estadounidenses bajaron, y las bolsas asiáticas también sufrieron caídas, con los principales índices de Japón, Hong Kong y China registrando pérdidas en diferentes grados.
En el plano político, las reacciones de los países fueron claramente divididas. El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, afirmó en una llamada con su homólogo ruso que los ataques de EE. UU. e Israel a Irán son inaceptables y pidió un alto el fuego inmediato. El presidente ruso, Vladimir Putin, condenó la muerte de Khamenei, calificando la acción como una violación del derecho internacional.
Dentro del bloque occidental, también surgieron voces disidentes. El primer ministro británico, Keir Starmer, dijo que Reino Unido no participó directamente en el ataque, pero permitió que las fuerzas estadounidenses usaran bases para operaciones defensivas. El presidente francés, Emmanuel Macron, llamó a una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU para instar a Irán a negociar sobre el programa nuclear.
Por otro lado, en EE. UU. también surgieron controversias legales. Analistas señalaron que el Congreso estadounidense no autorizó formalmente la guerra contra Irán. Brian Finucane, de la Organización Internacional de Crisis, comentó que la magnitud de la operación militar está siendo revisada en cuanto a su base legal.
Mientras la presión militar continúa, Trump reveló que las nuevas autoridades iraníes han mostrado disposición a negociar, y EE. UU. también está abierto al diálogo. Los mercados y la comunidad diplomática están atentos, ya que las próximas semanas serán cruciales para determinar si el conflicto en Oriente Medio se intensifica o se dirige hacia negociaciones.