Según medios del Reino Unido, el 12 de mayo, el primer ministro británico Keir Starmer enfrentó una presión creciente para dimitir tras el mal desempeño de Labour en las elecciones locales. Más de 80 diputados laboristas han pedido su dimisión, mientras que varios funcionarios del gobierno de rango inferior renunciaron en protesta. Sin embargo, más de 100 diputados laboristas firmaron una declaración en la que se oponen a un cambio de liderazgo inmediato, argumentando que el partido necesita reconstruir la confianza de los votantes mediante la cooperación en lugar de la agitación interna.
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