¿cómo afectará la estrategia contradictoria de la nueva presidenta de la Reserva Federal, Powell, de «bajar tasas + reducir balance» a los mercados de acciones y bonos, al dólar y al mercado de criptomonedas?

El presidente Trump ha nominado a Warsh, un halcón, para dirigir la Reserva Federal, quien aboga por “bajar las tasas pero reducir el balance”. En este artículo analizamos qué posibles impactos podría tener esto en el mercado de acciones, bonos, el dólar y el mercado de criptomonedas.
(Resumen previo: ¿Warsh impulsará el flujo de fondos hacia Bitcoin? Tras su nominación, el oro cayó por debajo de 5000 dólares, y BTC recuperó brevemente los 83700 dólares)
(Información adicional: Warsh, designado por Trump como presidente de la Fed, habló sobre Bitcoin: no es un sustituto del dólar, sino un “supervisor” de la política monetaria)

Índice del artículo

  • De halcón a “pragmático”: un cambio en la creencia sobre política monetaria
  • “Bajar tasas + reducir balance”: un equilibrio peligroso
  • “Buen policía” y “software”: la paradoja de Warsh sobre Bitcoin
  • Era de liquidez restringida: las reglas de supervivencia de las criptomonedas
  • El espectro de CBDC: el futuro del dinero según Warsh
  • Los obstáculos del Senado: un juego político aún no terminado
  • El contorno de un nuevo orden

El presidente de Estados Unidos, Trump, anunció formalmente el 30 de enero la nominación de Kevin Warsh para reemplazar a Jerome Powell como próximo presidente de la Reserva Federal. Es un nombramiento esperado desde hace nueve años: en 2017, Warsh fue uno de los finalistas para la presidencia de la Fed, pero finalmente Trump eligió a Powell.

Nueve años después, la historia rima.

Warsh, de 55 años, no es un rostro desconocido. Entre 2006 y 2011, fue uno de los miembros más jóvenes del Consejo de la Reserva Federal, viviendo cada decisión durante la crisis financiera de 2008. Fue testigo del colapso de Lehman Brothers, participó en debates sobre la flexibilización cuantitativa y fue etiquetado como “halcón” por oponerse al QE2.

Pero en 2026, Warsh ya no es el mismo firme defensor de la lucha contra la inflación de 2010.

Su cambio de postura, su actitud ambigua respecto a Bitcoin y el control que tendrá sobre un balance de 4.5 billones de dólares redefinirán las reglas del juego en los mercados financieros globales. Especialmente para las criptomonedas, esta ex figura que llegó a decir que Bitcoin es “software, no dinero”, podría tener impactos mucho más complejos de lo que el mercado imagina.

De halcón a “pragmático”: un cambio en la creencia sobre política monetaria

Para entender cómo Warsh gestionará la Fed, hay que remontarse a su pasado.

En septiembre de 2008, Lehman Brothers colapsó. El sistema financiero global estuvo al borde del colapso, con una tasa de desempleo que alcanzó el 10%, y la economía se dirigía hacia una profunda deflación. En ese momento, la Fed inició una expansión sin precedentes de su balance, comprando bonos del gobierno y valores respaldados por hipotecas, inyectando liquidez en el mercado.

La mayoría de los economistas consideraron que era una medida necesaria. Pero Warsh no pensaba igual.

Repetidamente advirtió en reuniones de la Fed sobre los riesgos inflacionarios, incluso cuando los datos indicaban que la verdadera amenaza era la deflación. En 2010, cuando la Fed preparaba la segunda ronda de flexibilización cuantitativa (QE2), la tasa de desempleo seguía en 9.8%. Warsh fue uno de los opositores más firmes, argumentando que la expansión del balance distorsionaría severamente los precios de los activos y sembraría las semillas de la inflación.

Su postura de resistirse a la inflación en momentos de máxima vulnerabilidad económica le valió el apodo de “halcón entre halcones”.

Sin embargo, en 2025, Warsh dijo cosas que confundieron a Wall Street.

En una entrevista con CNBC, criticó que la Fed “dudara en bajar las tasas” y calificó esto como “un gran error”. Dijo: “La presión pública del presidente sobre la Fed es correcta, porque necesitamos una ‘reforma institucional’ en la política”.

En otras palabras, la persona que antes se oponía a la flexibilización ahora piensa que la Fed no es lo suficientemente flexible.

Este cambio no carece de lógica. En una columna en The Wall Street Journal, Warsh propuso una combinación de políticas aparentemente contradictorias: bajar tasas y reducir el balance al mismo tiempo. Argumentaba que la Fed debería “dejar de seguir la doctrina de que un crecimiento económico demasiado rápido y salarios elevados generan inflación”. La verdadera inflación, decía, es causada por “el gasto excesivo del gobierno y la emisión descontrolada de dinero”.

Considera que la revolución de productividad impulsada por la IA permitirá que la economía crezca en un entorno de bajos tipos de interés, sin que los precios se descontrolen.

Es una reorientación sutil. Ya no es aquel que en crisis gritaba “¡la inflación viene!”, sino un optimista que cree que el avance tecnológico puede romper las reglas económicas tradicionales — al menos en apariencia.

“Bajar tasas + reducir balance”: un equilibrio peligroso

El marco de política de Warsh puede resumirse en cuatro palabras: bajar tasas y reducir balance.

Parece una combinación contradictoria. Bajar tasas generalmente implica inyectar más liquidez en el mercado para estimular la economía. Reducir el balance, en cambio, significa retirar liquidez, endureciendo la oferta monetaria. Tradicionalmente, estas herramientas apuntan en direcciones opuestas.

Pero Warsh tiene su lógica.

Para él, los problemas de la Fed en los últimos quince años no han sido las tasas altas o bajas, sino un balance excesivamente grande. Antes de la crisis de 2008, el balance de la Fed era menor a 1 billón de dólares. En su pico en 2022, alcanzó casi 9 billones. Aunque ha reducido algo desde entonces, aún queda cerca de 6.8 billones.

Warsh sostiene que este tamaño distorsiona el entorno financiero: “El dinero en Wall Street es demasiado barato, mientras que el crédito en la calle está demasiado apretado”. Las grandes instituciones financieras pueden acceder fácilmente a fondos de bajo costo, mientras que las pequeñas y los consumidores enfrentan tasas más altas.

Su solución: bajar las tasas de referencia para apoyar la economía real, y acelerar la reducción del balance para corregir las distorsiones del mercado.

¿Qué significa esto para los mercados?

Para las acciones: a corto plazo, puede ser alcista (bajar tasas), pero a mediano y largo plazo, la contracción de liquidez (reducción del balance) ejercerá presión. Los últimos quince años, la valoración de las acciones estadounidenses dependió mucho de la liquidez de la Fed. Si esa fuente se seca, el mercado tendrá que buscar nuevos fundamentos.

Para los bonos: tasas más bajas y menor compra de la Fed pueden hacer que la curva de rendimiento se vuelva más empinada. Los tenedores de bonos a largo plazo enfrentan riesgo de caída en precios.

Para el dólar: la predicción más difícil. Bajar tasas suele debilitar al dólar, pero si Warsh logra mantener la inflación baja y la economía en crecimiento, el dólar podría fortalecerse.

“Buen policía” y “software”: la paradoja de Warsh sobre Bitcoin

Para los inversores en criptomonedas, Warsh es una figura difícil de interpretar.

Por un lado, en un artículo en 2022, escribió sin rodeos que muchos proyectos privados de criptomonedas “son estafas” y “sin valor”. Dijo que el término “criptomonedas” en sí mismo es engañoso, porque “son software, no dinero”.

Por otro lado, reconoce que Bitcoin puede ser “una reserva de valor sostenible, como el oro”. En entrevistas recientes, incluso afirmó que Bitcoin es “el buen policía de la política monetaria” — es decir, que la existencia de Bitcoin crea una disciplina para los bancos centrales, obligándolos a no imprimir dinero sin control.

Lo más interesante es su historial de inversiones. Aunque critica las criptomonedas, en sus inicios invirtió en Bitwise Asset Management (un fondo índice de criptomonedas), Basis (una stablecoin algorítmica) y fue asesor de Electric Capital (firma de capital de riesgo centrada en blockchain).

Es un ejemplo típico del pragmatismo de Wall Street: puede criticar la esencia de un activo, pero no impedir que se beneficie de él.

En resumen, Warsh no cree que las criptomonedas reemplacen a las monedas fiduciarias, pero sí que la gente seguirá comprando esa narrativa.

Era de liquidez restringida: las reglas de supervivencia de las criptomonedas

Si Warsh asume con éxito y aplica su marco, el mercado de criptomonedas enfrentará un cambio fundamental.

En los últimos cinco años, la burbuja cripto estuvo muy vinculada a la liquidez de la Fed. La tendencia alcista de 2020-2021 se basó en tasas cercanas a cero y en una expansión cuantitativa ilimitada. Cuando el dinero casi no costaba, los inversores buscaron activos de alto riesgo y alta rentabilidad. Bitcoin, Ethereum y las memecoins se beneficiaron de esa fiesta de liquidez.

La caída de 2022 fue una respuesta precisa a la subida de tasas y la reducción del balance.

¿Qué significa la estrategia “bajar tasas + reducir balance” para las criptomonedas?

Impacto a corto plazo: puede haber caos. La noticia de una bajada de tasas se interpretará como positiva, pero la expectativa de reducción del balance presionará la aversión al riesgo. El mercado puede experimentar oscilaciones fuertes.

Impacto a mediano plazo: un entorno de liquidez más ajustado. Warsh ha declarado que reducirá significativamente el balance, lo que significa que el motor de liquidez que sustentó los activos de riesgo en los últimos quince años se apagará gradualmente. Para las altcoins y memecoins altamente dependientes de la especulación, esto será un golpe estructural.

Impacto a largo plazo: la parte más interesante. Algunos analistas creen que una Fed más hawkish en realidad puede fortalecer la narrativa de las criptomonedas, especialmente Bitcoin, como protección contra la contracción y el control centralizado de la moneda.

En otras palabras, si Warsh logra apretar la liquidez, la narrativa de Bitcoin como “oro digital” podría fortalecerse. Cuando los bancos centrales dejan de imprimir dinero, un activo con oferta fija y sin control central puede volverse más atractivo.

Este es el paradoja del mercado cripto: necesita liquidez para subir, pero también disciplina monetaria para justificar su existencia.

El espectro de CBDC: el futuro del dinero según Warsh

En el debate sobre stablecoins y CBDC (monedas digitales de bancos centrales), la postura de Warsh es clara: apoya las CBDC, pero rechaza las stablecoins.

Es una posición interesante.

Las stablecoins, como USDT y USDC, son emitidas por empresas privadas y están vinculadas al dólar. Juegan un papel clave en el ecosistema cripto, sirviendo de puente entre dinero fiduciario y activos digitales. Pero Warsh no confía en estas monedas privadas.

Criticó la promoción de stablecoins por parte del gobierno de Biden. En su visión, si el dinero digital será el futuro, ese futuro debe estar controlado por los bancos centrales, no por Tether o Circle.

¿Qué implica esto para la industria cripto?

Si Warsh impulsa el desarrollo acelerado del dólar digital, las stablecoins podrían verse desplazadas. Es probable que las regulaciones exijan mayores reservas, auditorías más estrictas y restricciones en su uso.

Pero también puede tener un efecto inesperado: si las stablecoins se ven presionadas, los inversores podrían migrar a alternativas descentralizadas, incluyendo Bitcoin. Después de todo, Bitcoin no requiere respaldo de un emisor ni está bajo la jurisdicción de un solo país.

En ese sentido, el apoyo de Warsh a las CBDC podría fortalecer indirectamente la posición de Bitcoin como “reserva de valor descentralizada”.

Los obstáculos del Senado: un juego político aún no terminado

La nominación de Warsh también enfrenta obstáculos políticos.

El senador Thom Tillis ha declarado públicamente que se opondrá a la confirmación de cualquier candidato a la Fed, incluyendo a Warsh, hasta que se resuelva “totalmente” la investigación del Departamento de Justicia sobre Powell. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, admitió que sin el apoyo de Tillis, Warsh “probablemente no pueda” ser confirmado.

El resultado de este juego político determinará si Warsh puede asumir en mayo, cuando finalice el mandato de Powell.

Si el proceso de confirmación se retrasa, la Fed entrará en un período de vacío de liderazgo. Esto aumentará la incertidumbre en los mercados. Los inversores no sabrán quién tendrá la última palabra en la próxima decisión de tasas, ni cómo evolucionará la política.

Para las criptomonedas, esta incertidumbre puede ser doble filo. Por un lado, el vacío de poder suele aumentar la volatilidad, lo cual puede ser mortal para los traders apalancados. Por otro, en momentos de caos financiero, Bitcoin suele reforzar su narrativa de refugio seguro y captar mayor atención.

El contorno de un nuevo orden

La elección de Trump por Warsh es una apuesta a un nuevo paradigma en política monetaria.

Este paradigma se basa en la hipótesis de que la revolución productiva impulsada por la IA permitirá un crecimiento económico en un entorno de bajos tipos, sin generar inflación. La Fed podrá bajar tasas para apoyar la economía real, y reducir su balance para corregir las distorsiones del mercado. En este marco, Bitcoin no sería un sustituto del dinero, sino un “buen policía” de la política monetaria: un recordatorio externo para que los bancos centrales mantengan la disciplina.

Es una visión ambiciosa, y también un experimento lleno de riesgos.

Si funciona, Warsh podría inaugurar un nuevo modelo de gestión de bancos centrales, demostrando que el avance tecnológico puede romper la clásica dicotomía entre inflación y crecimiento. Si fracasa, podría repetir los errores de los años 70, descontrolando la inflación y perdiendo el soporte de liquidez en los mercados.

Para los inversores en criptomonedas, esto significa replantear las lógicas de inversión. La relación “imprimir dinero = subir Bitcoin” fue efectiva en la última década. En la era Warsh, esa ecuación puede dejar de ser válida.

En su lugar, se abre una lógica más compleja: la contracción de liquidez puede reducir la demanda especulativa, pero la recuperación de la disciplina monetaria puede fortalecer la narrativa de Bitcoin como reserva de valor. ¿Impacto a corto plazo negativo, a largo plazo positivo? ¿O ambos escenarios? Nadie lo sabe con certeza. Pero lo que sí es seguro es que, cuando alguien que calificó a las criptomonedas como “software, no dinero” esté a punto de controlar el banco central más importante del mundo, las reglas del juego están siendo reescritas.

La historia no se repite exactamente, pero siempre rima. Los inversores en criptomonedas en 2026 quizás tengan que aprender un ritmo nuevo.

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