La primera generación de tokenización demostró un punto importante: los activos financieros regulados pueden existir en la cadena. Fondos, bonos y otros activos del mundo real fueron exitosamente envueltos en tokens, validando la viabilidad legal y técnica del modelo. Pero más allá de esa prueba, poco cambió fundamentalmente. En muchos casos, los activos tokenizados siguen dependiendo de los mismos procesos offchain para funcionar, confiando en PDFs, hojas de cálculo, feeds de precios y intermediarios.
Como resultado, gran parte de lo que hoy se etiqueta como “finanzas en la cadena” es esencialmente finanzas tradicionales con una interfaz blockchain. La liquidación sigue siendo lenta, la conciliación sigue siendo manual y la confianza todavía se impone a través de instituciones en lugar de código. Este enfoque puede parecer innovador, pero no escala. Sin un cambio estructural más profundo, la tokenización corre el riesgo de convertirse en una mejora cosmética en lugar de una transformación de los mercados financieros.
Composabilidad como la capa faltante
La característica definitoria de la próxima ola de tokenización será la composabilidad. Los activos financieros deben poder comunicarse, interactuar e integrarse sin problemas entre sí dentro de un entorno digital compartido. Sin esto, los activos digitales no pueden conectarse a liquidez descentralizada, sistemas automatizados de tesorería o la infraestructura emergente del dinero digital. Con la composabilidad, las finanzas se vuelven modulares, interoperables y programables por diseño.
Las stablecoins ofrecen un ejemplo claro de cómo será este futuro. Se han convertido en la capa de liquidación predeterminada para los mercados de criptomonedas, moviendo cientos de miles de millones de dólares cada mes y permitiendo que el capital se mueva a la velocidad de internet. Sin embargo, mientras el lado monetario de las finanzas ha pasado completamente a lo digital, el lado de los activos sigue atrapado en sistemas lentos y por lotes. El capital puede liquidarse en segundos, pero los registros de inversión a menudo tardan días en reconciliarse, creando un desequilibrio estructural en el corazón de los mercados modernos.
Cerrar esta brecha requiere que la tokenización evolucione de ser un envoltorio a convertirse en infraestructura. La próxima fase no consiste en poner más activos en la cadena, sino en reconstruir la emisión, transferencia, liquidación e informes dentro de un sistema programable único. Cuando los derechos de los inversores, las restricciones de liquidez y los datos de los activos se integran directamente en contratos inteligentes, la confianza se vuelve continua en lugar de episódica. La propiedad y la liquidación se verifican por la propia red, en tiempo real, sin capas de supervisión manual.
De la experimentación a la infraestructura de mercado
La composabilidad no es una idea especulativa, sino una necesidad práctica para las instituciones. En un sistema verdaderamente composable, un fondo de crédito tokenizado podría usarse como garantía en un protocolo de préstamos, o una participación en un fondo podría liquidarse instantáneamente contra dinero digital, sincronizando completamente activos y dinero. Esto no es una visión futurista; es el resultado lógico una vez que ambos lados del balance operan en vías programables.
La historia sugiere que estos cambios ocurren gradualmente, y luego de repente. La negociación electrónica reemplazó a la intermediación telefónica una vez que las ganancias de eficiencia se volvieron innegables. Los pagos digitales desplazaron a los cheques casi de la noche a la mañana cuando los usuarios experimentaron la diferencia. La tokenización sigue el mismo camino. La tecnología está lista, pero los modelos de negocio y los procesos institucionales aún están poniéndose al día.
Los bancos, gestores de activos e instituciones soberanas están invirtiendo cada vez más en infraestructura abierta y composable, no porque sea nativa de las criptomonedas, sino porque es más eficiente, auditable y escalable. A medida que más activos se mueven en la cadena, la liquidez se consolidará en torno a sistemas transparentes, y los intermediarios dependientes de la fricción en la liquidación perderán relevancia. Con el tiempo, la distinción entre en la cadena y fuera de la cadena desaparecerá por completo. Solo quedará infraestructura financiera que funciona y aquella que no funciona.
La tokenización dejará de ser una réplica digital del sistema antiguo. Simplemente se convertirá en el mercado mismo.
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Por qué la primera ola de tokenización no cumplió con las expectativas
La primera generación de tokenización demostró un punto importante: los activos financieros regulados pueden existir en la cadena. Fondos, bonos y otros activos del mundo real fueron exitosamente envueltos en tokens, validando la viabilidad legal y técnica del modelo. Pero más allá de esa prueba, poco cambió fundamentalmente. En muchos casos, los activos tokenizados siguen dependiendo de los mismos procesos offchain para funcionar, confiando en PDFs, hojas de cálculo, feeds de precios y intermediarios.
Como resultado, gran parte de lo que hoy se etiqueta como “finanzas en la cadena” es esencialmente finanzas tradicionales con una interfaz blockchain. La liquidación sigue siendo lenta, la conciliación sigue siendo manual y la confianza todavía se impone a través de instituciones en lugar de código. Este enfoque puede parecer innovador, pero no escala. Sin un cambio estructural más profundo, la tokenización corre el riesgo de convertirse en una mejora cosmética en lugar de una transformación de los mercados financieros.
Composabilidad como la capa faltante
La característica definitoria de la próxima ola de tokenización será la composabilidad. Los activos financieros deben poder comunicarse, interactuar e integrarse sin problemas entre sí dentro de un entorno digital compartido. Sin esto, los activos digitales no pueden conectarse a liquidez descentralizada, sistemas automatizados de tesorería o la infraestructura emergente del dinero digital. Con la composabilidad, las finanzas se vuelven modulares, interoperables y programables por diseño.
Las stablecoins ofrecen un ejemplo claro de cómo será este futuro. Se han convertido en la capa de liquidación predeterminada para los mercados de criptomonedas, moviendo cientos de miles de millones de dólares cada mes y permitiendo que el capital se mueva a la velocidad de internet. Sin embargo, mientras el lado monetario de las finanzas ha pasado completamente a lo digital, el lado de los activos sigue atrapado en sistemas lentos y por lotes. El capital puede liquidarse en segundos, pero los registros de inversión a menudo tardan días en reconciliarse, creando un desequilibrio estructural en el corazón de los mercados modernos.
Cerrar esta brecha requiere que la tokenización evolucione de ser un envoltorio a convertirse en infraestructura. La próxima fase no consiste en poner más activos en la cadena, sino en reconstruir la emisión, transferencia, liquidación e informes dentro de un sistema programable único. Cuando los derechos de los inversores, las restricciones de liquidez y los datos de los activos se integran directamente en contratos inteligentes, la confianza se vuelve continua en lugar de episódica. La propiedad y la liquidación se verifican por la propia red, en tiempo real, sin capas de supervisión manual.
De la experimentación a la infraestructura de mercado
La composabilidad no es una idea especulativa, sino una necesidad práctica para las instituciones. En un sistema verdaderamente composable, un fondo de crédito tokenizado podría usarse como garantía en un protocolo de préstamos, o una participación en un fondo podría liquidarse instantáneamente contra dinero digital, sincronizando completamente activos y dinero. Esto no es una visión futurista; es el resultado lógico una vez que ambos lados del balance operan en vías programables.
La historia sugiere que estos cambios ocurren gradualmente, y luego de repente. La negociación electrónica reemplazó a la intermediación telefónica una vez que las ganancias de eficiencia se volvieron innegables. Los pagos digitales desplazaron a los cheques casi de la noche a la mañana cuando los usuarios experimentaron la diferencia. La tokenización sigue el mismo camino. La tecnología está lista, pero los modelos de negocio y los procesos institucionales aún están poniéndose al día.
Los bancos, gestores de activos e instituciones soberanas están invirtiendo cada vez más en infraestructura abierta y composable, no porque sea nativa de las criptomonedas, sino porque es más eficiente, auditable y escalable. A medida que más activos se mueven en la cadena, la liquidez se consolidará en torno a sistemas transparentes, y los intermediarios dependientes de la fricción en la liquidación perderán relevancia. Con el tiempo, la distinción entre en la cadena y fuera de la cadena desaparecerá por completo. Solo quedará infraestructura financiera que funciona y aquella que no funciona.
La tokenización dejará de ser una réplica digital del sistema antiguo. Simplemente se convertirá en el mercado mismo.