Los grupos de banca privada advierten sobre la creciente dependencia de la UE de las empresas de pago extranjeras. Martina Weimert, directora ejecutiva de la Iniciativa de Pagos Europea (EPI), hizo un llamado a la acción urgente sobre este tema, afirmando que la independencia en el campo de los pagos es “crucial”.
Europa está tomando en serio su fuerte dependencia de los grupos de pago extranjeros, ya que la falta de soluciones soberanas corre el riesgo de desestabilizar el sistema financiero en caso de una crisis en las relaciones internacionales.
Martina Weimert, directora ejecutiva de la Iniciativa de Pagos Europea (EPI), solicitó tomar medidas para reducir la dependencia de grupos con sede en EE. UU., como Visa y Mastercard. 13 estados miembros de la Unión Europea (UE) no tienen acceso a una alternativa nacional a estas empresas extranjeras.

Ella afirmó:
“Dependemos mucho de soluciones de pago internacionales. Sí, contamos con activos nacionales como esquemas de tarjetas de pago domésticas, pero no tenemos nada que sea transfronterizo. Si decimos que la independencia es tan crucial y todos sabemos que es una cuestión de tiempo, necesitamos actuar con urgencia”
La EPI ha propuesto su propia solución, llamada Wero, para abordar este problema. Sin embargo, actualmente solo está disponible en Bélgica, Francia y Alemania, y se espera que más países adopten esta iniciativa en el futuro.
El Banco Central Europeo (BCE) también es consciente de este problema y ha propuesto acelerar la adopción del euro digital para resolver esta cuestión.
En Chipre, donde no existen soluciones soberanas para procesar pagos con tarjeta, el miembro de la Junta Ejecutiva del BCE, Piero Cipollone, destacó que esta dependencia crea vulnerabilidades que “no podemos permitirnos ignorar”.
Cipollone promovió el euro digital, enfatizando que permitiría a Europa “recuperar la propiedad de las vías por las que funciona su sistema de pagos y, por lo tanto, fortalecer nuestra autonomía”.
Pero el euro digital se lanzará en al menos un par de años, y Weimert afirma que podría llegar “un poco fuera de tiempo”, dado que si las tensiones geopolíticas empeoran, la UE sería vulnerable a un ataque en el sector de procesamiento de pagos.
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